GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

22 ene. 2011

VIVENCIAS

MIS VIVENCIAS
en la
Unión del Apostolado Católico
Sociedad del Apostolado Católico

en el pensamiento de
San Vicente Pallotti

Un día, cercano al 22 de enero hace ya tres años, me dirigía hacia "una Iglesia".

Mi alma salía en busca de su pertenencia. Siempre la necesité. Y siempre en la Iglesia.

Sin ella me siento: a la deriva.

Caminé por Emilio Raña, hacia Luis Alberto de Herrera. Al llegar a la esquina (en realidad me dirigía hacia otra Iglesia,a la Iglesia de los Inmigrantes, que se encuentra casi al lado del Sanatorio Número 4 del CASMU,dónde había sabido que el hombre que se encontraba a mi lado era el que años más tarde sería mi esposo), algo me detuvo.

Miré a un lado. Miré al otro. Una estaba a un paso mío. La otra, debía ir en sentido contrario. Miré la Iglesia que tenía casi enfrente a mi. "Parroquia Santos Apóstoles", ni siquiera sabía en ese momento que así se llamaba.

Era una Iglesia, toda de ladrillos a la vista y con una gran puerta color ladrillo. Algo me hizo cruzar. (En ese momento, no supe que era Dios). Creía que por la hora, eran las 17 hs de Montevideo-Uruguay, era la hora de la Misa.

Sin embargo, las puertas estaban cerradas. Así que cuando me iba, decidí acercarme hacia donde estaba el joven que cuida la portería y le pregunté a que hora era la misa. Me respondió: a las 18. ¡ah, dije!, bueno, vuelvo entonces.

Pero una vez más, alguien me detuvo. No era visible. Pero era tan  fuerte, que volví sobre mis pasos y pregunté nuevamente al joven: "¿hay algún padre que me pueda confesar?, y antes que pudiera decirme nada, apareció un gatito o gatita, en realidad no lo podía saber, porque era muy chiquita y no se la veía bien. Le pregunto al joven: ¿ es tuya?. Me responde: no, viene a veces. ¿Tiene nombre? le pregunté. No, me respondió. ¡tiene que tener nombre, le dije!. Me dijo él a mi, ¿ cómo te llamas? -Bettina-, le dije. Bueno, entonces, ella se llamará Bettina, me respondió él.

Supe entonces que no me había equivocado. Dios me había hecho llegar a ese lugar y ahí debía estar.
Mi primera elección, ir a la Iglesia de los Inmigrantes, en realidad era no buscando a Dios, sino buscando a mi esposo.

Como en el Cantar de los Cantares, cuando la esposa se da cuenta de lo que había perdido, así mi alma supo que perdía (no realmente, porque nunca lo perdemos a Dios, salvo que así sea nuestra elección), pero sí que perdía la oportunidad que Dios me estaba ofreciendo.

No tenía nada claro, salvo que debía hablar y confesarme con un sacerdote antes de asistir a la misa de las 18 de ese mismo día.

Pregunté nuevamente, y el joven consultó si había disponible algún sacerdote para confesarme. Su respuesta: sí, está Joselo. "Joselo" El padre más joven. No hacía todavía un año había hecho sus votos definitivos.

Se abrió una puerta, y apareció en ella. Era muy  joven. Con cara muy alegre. Comunicaba " cercanía", como si Dios me invitara a hablar. Así es él.  Así es el padre "Joselo" José Luis Gulpio en realidad, pero para todos "Joselo".

Bueno así comencé mi transitar por lo que sería mi vida en la Unión del Apostolado Católico.

No sólo me escuchó el padre Joselo, Joselo me transmitió la invitación en nombre de Dios sin decirlo, con su presencia, con su palabra justa, serena, amigable, amable, certera. Y con mucha misericordia.

Así fui acercándome a la Parroquia. Iba casi todos los días a misa durante ese enero. Y cuando necesitaba hablar, pedía por "Joselo", pero... Dios tenía otros planes.

Cuando iba  a hablar con él, al menos esa era mi intención, se encontraba disponible el Padre Bernardo. Bernardo Godbarsen, uno de los párrocos de la Iglesia (el párroco a cargo en realidad es el Padre Alejandro Fontana). Así fue  quién se convirtió en mi "guía espiritual", "padre confesor", luego por intermedio de quién, Dios me invita a formar parte del "Discipulado", sin saber yo que concluiría en la toma de mis primeros votos al finalizarlo en la Unión del Apostolado Católico.

Dios es asombroso, siempre sorprende con sus planes. Y siempre nos trae la felicidad a través de ellos, sin que nos demos cuenta, que lo que aparta de nosotros o bien permite que vivamos, aún cuando sea en principio doloroso  (porque es como sacar varias espinas que llevamos clavadas y que nos están infestando)  es lo que nos va a permitir ir alcanzando "LA LIBERACIÓN".

Hoy hace dos años de mi ingreso a la Unión y ya he renovado mis votos.

Mi vivencia en la Parroquia es de felicidad; toda la parroquia, todos sus integrantes me han recibido y acogido con los brazos abiertos, incluyendo al padre Alejandro Fontana, a quien todavía no había nombrado, porque es el padre al que menos veo dado su tarea en el Colegio y que actualmente los fines de semana se encuentra en la iglesia de Casupá, y que debo decir que a pesar de lo rápido que son sus misas, en sus homilías he aprendido sin embargo con palabras cortas, claras y precisas la doctrina teológica de la fe católica.

Pero fue de manos del Padre Bernardo que tuve mi vivencia de Jesús. Por primera vez viví a Jesús. Desposeído de todo lo que en mí era [suponía] imprescindible en mi vida: la vivencia mística, la vivencia de los Santos de la Comunión de los Santos (a los que Dios ponía y sigue poniendo delante mío), como a sus ángeles. Y sin los cuáles no concebía la vida en la religiosidad.

Ciertamente es así. En la religiosidad sí me eran imprescindibles, necesarios. Pero ¿para qué ?, Para poder tener mi verdadera experiencia de vida con Jesús. El Padre Bernardo me ayudó a despojarme de lo  (secundario) sin serlo, pero sí en lo que es la Vivencia de Cristo. Y fue junto con él, que comencé a tener como "centro de mi vida" a JESÚS. Y entender, que todo lo demás, es por añadidura. La vivencia de Cristo-centro, se fue transformando en lo trascendente.

Y así comprendí, la misión de los Santos en mi vida, el que aparecieran para llevarme a Él, a Jesús, a Jesús Vivo y a Jesús en la Eucaristía. Y a Jesús en la Palabra. Esto hizo que naciera en mi la necesidad de Confirmarme. La necesidad de llegar al Sacramento me fue llegando a raudales. Y comencé mi preparación. Mis hermanas de Confirmación, como las de la Unión del Apostolado, me hacen sentir "en casa". Y el Padre Bernardo principalmente, pero no olvido a Joselo [padre carismático], y al padre Alejandro, me mantiene en el camino del "CENTRO-CRISTO-CENTRO".

Hoy sin Jesús en mi vida, como centro, no podría vivirla, ni resistirla. No la querría vivir.

Mi vida hoy sin esta vivencia cotidiana de Jesús y de su presencia deja de querer ser vivida.

No quiero decir que he dejado de tener miedo, de dejarme llevar por sus manos, y menos de poder distinguir cuál es su camino, el que me señala, del que mis emociones me indican y que enturbian mi mirada y vuelve a equivocar el sendero por donde seguirlo. Pero hoy, hoy, hoy puedo decir, que esta visión primordial de San Vicente Pallotti, y de estos padres, me colocan cada vez nuevamente en el camino del medio. En el centro de Cristo.

Y en la vivencia de su misericordia y de su amor.

Siempre viví mi espiritualidad de Dios desde la culpa, siempre desde el dolor. Nunca desde la alegría.

Y recién hoy, ahora, a partir de que Dios me fue guiando por medio primero del Padre "Ernesto Diano" cuando recién dí mis primeros pasos de regreso a "casa", a la Iglesia Católica Apostólica -Romana y Latinoamericana-, luego por el padre Nogues, el padre Horacio Bojorge, el Padre Joselo, el padre Alejandro y finalmente el padre Bernardo [hoy además mi padrino de Confirmación] a vivir a Jesús en la alegría.

En la aceptación de que  me puede amar así como soy. Con todos mis defectos. Con todas mis emotividades que me inducen una y otra vez al error y a no poder dejar de mirar al otro a través de mi misma.

Me  siento dijera la Madre Angélica  de EWTN, como Pedro, como el bueno de Pedro, que  si bien no  entendía nada de nada y que negó a Jesús tres veces, creyó en su misericordia finalmente.

Así me siento hoy. Creyendo en su misericordia.

Mucho camino todavía debo recorrer, ya que mi emotividad es algo para trabajar duramente. No que deje de "amar", ¡no!, sino, que aprenda a "amar", con objetividad. Con realismo, sin trasladar, sin culpas, sin miedo a ser dejada de amar por parte de Dios como siento que los demás me dejan de amar con facilidad.

Aprendí principalmente que a Jesús lo puedo encontrar en lo que soy, con todo lo que soy, con todo lo bueno, pero por sobre todas las cosas: en todas mis oscuridades.

Sabiendo que no va a dejar de amarme a pesar de que ve mis  miedos aún cuando miles de miles de veces me ha demostrado y me ha hecho ver "sus actos permanentes de salvación".

Todo esto, si bien le debo dar gracias a todos esstos sacerdotes que han estado presentes en mi vida, puestos allí por obra de Jesús a través del Espíritu Santo por decisión del Padre y la misericordia de la Virgen María, es en el trasladar la verdadera visión de San Vicente Pallotti del Padre infinitamente amoroso y amante de todos nosotros y la necesidad de "LA VIVENCIA DE JESÚS", primero y antes que nada, al padre Bernardo Godbarsen. Quién me ha conducido a ese encuentro. Y quién me deja además que lo viva, sin intervenir él mismo en el proceso. Dejando que vaya madurando en la fe, compartiendo su propia gran Vivencia de Dios, de Jesús, del Espíritu Santo en su propia vida. 

Esto es la Unión del Apostolado Católico. Esto es la vivencia de San Vicente Pallotti. Asumir la verdadera responsabilidad que tenemos: desarrollar todo lo que somos en el momento histórico que nos toca vivir.

Pero también San Vicente Pallotti, nos guía hacia el CENTRO, hacia JESÚS. Y por mediación de la transformación en uno del obrar del ESPIRITU SANTO, poder conocer al PADRE y conocer SU INFINITO AMOR INFINITO como lo experimenta Vicente, y lo viven los padres de la Unión que he conocido.

Hoy 22 de enero de 2011, quiero DAR UN GRAN "GRACIAS SEÑOR JESÚS, por darme tantas gracias inmerecidas y por inmerecidas aún más cercano tú a mi.

GRACIAS MI SEÑOR JESÚS. Gracias por enseñarne el AMOR DEL PADRE.
Gracias a todos mis hermanos de la Comunidad de Santos Apóstoles;  Gracias a todos mis hermanos de la Unión del Apostolado Católico; Gracias a mis hermanas de Confirmación; Gracias a todas mis hermanas y hermanos que has ido colocando junto a mi en mis diferentes etapas de la vida; Gracias por mis Padres, mis hermanos de sangre, mis tías-madres, mi abuela, mis primos y primas, mis sobrinos y sobrinas, mis ahijados, mis vecinos, mis compañeros de trabajo, por el que fuera mi esposo, y  por todos aquellos que hoy ya no estan por su propia decisión a mi lado pero que formaron parte muy importante de mi vida.

Gracias por LA VIDA, SEÑOR MIO Y DIOS NUESTRO. Gracias por tu infinita paciencia que es respuesta de tu infinito AMOR. Gracias por cuidar de mi alma y de la de todos los que me rodean y de la de todos los que ni  siquiera te reconocen o se han apartado de ti. TE AMO.

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