GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

22 ene. 2011

Y DIOS VENCIÓ

 
¡Y DIOS VENCIÓ!

EL AMOR DE DIOS PADRE
ENCARNADO EN SU HIJO, EL VERBO HECHO HOMBRE EN JESÚS
A TRAVÉS DEL ESPÍRITU SANTO

¡SIEMPRE TRIUNFA EN LAS BATALLAS DE LA VIDA!

Hace unos días atrás escribí sobre el "Amor y la Amistad", allí decía que si el "Amor" don de Dios por gracia y no por merecimiento, no triunfa, no  es amor. Ni en el ser creado por Dios como "humano", ni el amor que decimos sentir hacia Dios.

Había atravesado una crisis, donde el amor y la amistad, me habían enseñado que sólo el amor de Dios, cuando es verdadero en nosotros, siempre tiene que salir "VICTORIOSO".

Me había enseñado desde mi, en mi propia persona. ¿Por qué, qué sentía yo respecto de esa amiga, hermana, amigo, hermano, no importa de quién se trate en realidad, que sentía respecto de esa persona que Dios un día había puesto en mi camino, y que se iba o se marchaba sin detenerse a "mirar" lo trascendente y dejar atrás lo que en realidad era si se quiere hasta una necedad, o un mal entendido, o una confusión que había puesto un "mal momento" entre ambas partes?

Ya no importaba realmente cuál era su reacción, su actitud, si volvía o no, lo importante me fue mostrado días después, casi un mes después, en que me vuelve a ocurrir  lo mismo, pero desde otra persona que también en mi corazón es de gran valía.

Ya no había casualidad. La lección podía ser para la otra parte, pero sin lugar a dudas, era un aprendizaje que Dios estaba obrando en mi, en mi propia persona.

Y Él ganó la batalla.

Me mostró cual era el verdadero amor.
Me enseñó cómo actúa el verdadero amor.

No mira atrás.
No reprocha.
No reprende.
No es intolerante.
No se esconde.
No usa excusas.
No huye.

Mira al otro, pero con una mirada nueva. Desde "su mirar".
Su mirar así mismo, en este caso: me miré a mi misma, y ví su "actuar de Dios".
Me miré y ví cuantas veces, siendo yo la que abandoné, dejé, me fui, huí, reproche, me escondí, puse excusas y fui intolerante sin mirar "atrás" , sin embargo él no me había mirado con "mi mirar", sino, con el suyo propio. Y así, no me abandonó, no huyó, no se excusó, no fue intransigente, no me reprendió. Me "amó". Y por eso "comprendió". Superó mi infidelidad al amor que me otorgaba y me daba un nuevo espacio. Un nuevo comienzo. Un nuevo amanecer. Una hermosa primavera volvía a aparecer en mi horizonte.

Y me ví, actuando ahora, frente a esta nueva situación, desde esa "mirada nueva que él había instalado la vez anterior en mi" y fue él capaz en mi, de no reprochar, de entender el tiempo del otro; de no huir, de abrir una nueva puerta desde donde le veía tan cercano, que el cielo parece en la tierra; me ví, "amando" como él quiere me deje amar a mi misma.

Y entonces supe. Supe que su "amor" en mi había calado hondo. Estaba llegando a las raíces. Estaba transformando el corazón de piedra, en uno de carne. Estaba ganando la batalla.

Ese es el Dios Padre de Jesús.
Ese es el Dios Padre que Jesús vino a enseñarnos.
Ese es el Dios Padre en quien Jesús depositaba toda su fe y confiaba plenamente.
Ese comenzaba a ser también para mi, mi Dios Padre.
Ese comenzaba a ser también para mi, El Hijo que me conduce a la Plenitud de la vida.
Ese comenzaba a ser también para mi, El Espíritu Santo obrando en situaciones concretas y verdaderas.

Dios ganaba la batalla.
Dios ganaba porque en mi ganaba "su amor por mi"
Dios ganaba al hacerse corazón en mi.
Entonces ya no "amé" desde mi;  pude decir como San Vicente Pallotti y San Pablo:  Dios amó en mi"

Hoy estoy segura de que mi vida a partir de ese instante en que Dios pudo amar a través mio, será distinta. Se ha modificado. Dios ha ganado la batalla.

¡Su amor triunfó una vez más sobre la muerte!
Esta vez, sobre la posibilidad de muerte en mi corazón.
La cruz redentora de Jesús, llevada hasta el fin, hasta dejarse amar totalmente por el Padre y amándolo totalmente a él, había posibilitado que mi alma dijera:  ¡SÍ!, tu amor me subyuga, tu amor me hace volver a latir desde un corazón nuevo.

Y pude decir:  hoy es tú tiempo. Amiga, hermana, amigo, hermano, esposo, padre, madre, tía, tío, compañero, compañera, personas de mi vida. Y Dios te pudo amar a través de mi. El ganó la batalla. Triunfó  nuevamente sobre la muerte. Esta vez, abriendo mi corazón y dejándome amar por él, amar al otro a través de él.

Y el amor triunfó.
¡SEPAN, SIEMPRE TRIUNFA!
Porque es una elección nuestra.
Decir: ¡SÍ!
o decir: ¡NO!.

Y cómo es nuestra, decir ¡SÍ!, es sólo cuestión de tiempo. Porque el se abre paso entre nuestras tinieblas y va apareciendo La Luz de su Inefable Amor.

¡Gracias Jesús, Tú amor por tu Padre dado a nosotros en la Cruz, es fruto testimonial de salvación!.

¡Gracias a las personas de mi vida, por las que él se expresa y manifiesta!
Ellas son sus actos de salvación.
Aunque de inmediato no lo veamos.
Lo veremos.
Lo viviremos.
Lo experimentaremos.

¡Gracias Jesús por tu Iglesia que hizo posible esto en mi!

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