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6 abr. 2011

LA LIBERTAD Y LA MUERTE

LA LIBERTAD Y LA MUERTE

La libertad siempre ha costado vidas. Ha convertido a quienes la buscan con valor, en santos. Pero a pesar de ésto que es maravilloso, lo terrible, lo que no puede seguir continuando es que el ser humano siga siendo avasallado en sus derechos. Estos derechos son inalienables, le son debidos al hombre porque es Dios quién los ha concedido, y Jesucristo ha entregado su sangre para que así fuera. Hoy entre muchos, libaneses que escapaban en balsas y barcas de lo que se está viviendo en Libia acaban de morir, tragados por el agua. El agua se ha llevado a niños y mujeres en su mayoría que buscaban la libertad para sí y para sus hijos, huyendo del horror de la violencia de una guerra civil cruenta. El mundo mira. ¿Debemos seguir mirando? ¿ Oh, debemos comenzar a elevar nuestras voces y orar acompañando nuestra voz, para que El Espíritu Santo pueda obrar, convirtiendo nuestros corazones al Amor de Dios?. La libertad en todos sus aspectos, tanto la libertad a expresarse como también la libertad a una vida digna y sin avasallamiento. Hoy los hechos nos muestran lo sucedido a estas "personas con más valor que miedo" que huían de su país, de su lugar, de su cultura, en busca de un lugar que no hallaron sino en CRISTO. Cristo los ha acogido en su seno, en su Ser para darles la Libertad que todos nosotros en el mundo no buscamos ni para otros ni para nosotros. Pocos son los que acogen, asisten, ayudan, hasta son capaces de ir a los lugares donde hay más necesidad de presencia activa, entregando en todo su amor lo que cada persona necesita. No sólo para subsistir, sino, para alcanzar una mejor calidad de vida material, psicológica, médica, y espiritual. Los seres humanos no atacados directamente por una situación de esta naturaleza, debemos entender, que somos corresponsables de la falta de libertad de otros hermanos que tienen que vivir estas tragedias para que muy pocos puedan alcanzarla. Somos responsables porque nos quedamos quietos, no actuamos, no ayudamos, no nos rebelamos con inteligencia frente a los grandes poderes que son los administradores de ese poder. Ha llegado la hora, ya desde hace mucho tiempo donde debemos asumir que somos parte de la solución, y que es a través de nosotros que Cristo se va a expresar. En nuestro hacer y en nuestro orar, en nuestra expresión de amor en todas sus formas. Somos los que debemos colocar con nuestro hacer y nuestro amor, los ladrillos al Reino de Dios. No sólo debemos ocuparnos por quienes hoy son noticia en los medios masivos de comunicación y que en menos de una semana pasan a ser "...archivos", sino, en todos los que padecen cualquier forma de falta de Libertad. Todo el que tiene hambre, que no sabe leer, que carece de un sitio digno donde donrmir, al que no se le permite expresarse en cualquier forma. Es cierto se asemejan en todo esto a lo que vivió Cristo, siendo Jesús en la tierra. Pero Cristo como Jesús, el Verbo encarnado, Dios mismo en la tierra ya vivió por nosotros todo este horror, y nos dejó una fuerza: Su Amor, el Amor del Padre y un Camino. Es necesario volver al camino. Es necesario descorrer los velos que mantenemos para no sentirnos responsables de lo que sucede. Es necesario que comencemos por cada uno de nosotros, desterrando el egoísmo y la falta de solidaridad. Nuestra realidad cómoda de hoy, no queda eternamente como es, en un día todo se borra y pasamos a ser parte de los seres que no hemos defendido. No deberíamos actuar por este motivo, pero ni la inteligencia de la razón dicta que actuemos de maneras diferentes a las que hoy obramos. Que Dios ilumine nuestra razón, abra nuestro corazón, descorra los velos que nos mantienen ciegos y nos llene de ese Amor del Padre que Jesucristo nos entregó con su vida.

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