GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

20 may. 2011

CINCUENTENA PASCUAL

UN TIEMPO PARA DECIR SÍ
UN TIEMPO DE ESPERANZA CIERTA
UN TIEMPO NUEVO
CRISTO NOS REUNE
CRISTO NOS LLAMA
CRISTO CUMPLE
CRISTO NOS DICE: ¡VEN A MÍ!
EL tiempo de cincuenta días entre la Vigilia de Resurrección y el descenso del Espíritu Santo, marca un tiempo nuevo. Un regalo que Cristo nos hace cada año, cada día durante esos cincuenta días. Nos llama. Nos invita. Nos vuelve a decir: ¡VEN A MÍ, YO SOY LA VIDA EN ABUNDANCIA. QUIÉN COME DE MI CARNE Y BEBE DE MI SANGRE, NO MORIRÁ JAMÁS!
Es un tiempo de abundancia. Dónde abunda el amor de Dios Padre a través de cada llamado de Cristo a cada uno de nosotros.
Yo siento que es un "camino ", que me llama a formar parte de los "del camino ", a ser uno de los discípulos que lo siguen, como antes lo siguieron.
Siento que Jesús, ya Cristo, me invita a participar de su vida. De la vida que venció a la muerte. Y nos levanta de nuestras pequeñas y grandes muertes.
Muertes, pérdidas, desengaños, olvidos, traiciones, desencuentros, soledades, enfermedades, pobrezas, carencias, falta de amor, tienen un nuevo ritmo. Pueden ser motivo de un nuevo movimiento.
En este tiempo de la Cincuentena Pascual, mi vida se ha estado moviendo. Todo cambia. Hasta en mis sueños todo toma un significado diferente. Mi psiquismo se anuncia desde el inconsciente y me muestra Cristo mis miedos. Y en esos miedos, su salvación me llega a través del amor. De su amor que se expresa en otros y por otros. También en todos aquéllos de los que me ha rodeado, incluso, de mis hijos-perros. Creo que así como a mi, a muchos de nosotros nos pasa, que sin darnos cuenta el stress, el cansancio, es fruto de miedos inconscientes. ¿Hacia dónde se dirige nuestra vida? Todo hoy se mueve, nada hay que permanezca. Y lo que creemos que puede llegar a ser permanente, de un día para el otro se esfuma, muere, desaparece, se transforma. Nuestro piso deja de ser. Ya no hay piso. Hay abismos. Son abismos sin embargo que en mi me invitan a tomar conciencia de la presencia activa de Cristo. Y del amor del Padre. Frente a estos abismos, cuya profundidad desconozco, sólo comienzo a experimentar cada día con mayor fuerza, que sola no puedo. He estado aprendiendo de mis carencias y reconociendo mis límites. Límites que antes, hasta hace pocos días me costaba aceptar de mi. Hoy sé que son esos límites los que me permiten estar más dispuesta a recibir el amor del Padre a través de la vivencia de Cristo en mi. El reconocerme frágil, débil, carente, cometiendo errores y volviendo a cometer los mismos, pero tratando de que Jesús se filtre en mi y los comience a modificar, me dan una certeza: estoy encontrándome con Jesús en mi vida tal y cómo es. Y este encuentro me ayuda a caminar. Puedo brindarme sin tanto miedo de que nuevamente me hagan sufrir, porque si me toca sufrir, Cristo me brinda su estar conmigo y me vuelve a rodear de su amor. De mil formas diferentes. Y la experiencia de su amor me ayuda a levantarme nuevamente y reiniciar el camino. 
Este es mi inicio de este tiempo de cincuenta días que culminarán en Pentecostés. En el descenso del Espíritu Santo una vez más sobre mi. 
¿Cómo caminar? volver a tomar el ritmo que me ayuda siempre a sostenerme. La Iglesia, la Comunidad, la Eucaristía, la Palabra, mis encuentros con los Sacerdotes de mi Parroquia. El escuchar.
No hace muchos días, tuvimos la visita de un sacerdote pallottino de Argentina y de un sacerdote teólogo uruguayo pallottino. Entre ambos, aprendí que para poder ser feliz debo disponer mi alma a: escuchar, estar con Cristo y comunicar mis vivencias de esa escucha y ese estar con Cristo.
Estos días, desde ese día, entré en una conmoción que produjo en mi, un no ir. Me metí hacia adentro y a pesar de que mis problemas siguen presentes y que por no continuar participando activamente en mi comunidad religiosa, en mi no recibir a Cristo en la Palabra y en la Eucaristía, sólo experimentaba mayor frustración, más indecisión, más incertidumbre de hacia dónde caminar; comprendí las palabras que había recibido como camino hacia la felicidad verdadera - la que no se desvanece frente a los problemas-: escuchar, hacerme tiempo para estar con Jesús, y luego trasladar mi vivencia.
Sin lugar a dudas, no he dejado mi Parroquia, ni de desear estar allí, para recibir a Cristo en mi comunidad, junto con todos mis hermanos del mundo.
Pero esta experiencia que nació de mi y me detuvo en mi actividad más esencial, más verdadera, me permitió ver que sin ella no puedo continuar. 
Mi vida la forma Cristo; le pertenece a Cristo y quiere ser de Cristo. Pero mi mundo, el que yo me creé, fue generándome responsabilidades que no aprendo a dejar en manos de Cristo. Todavía no le doy toda mi vida a sus manos. Todavía no le doy todo mi espacio. Pero sé que me ama y que se lo estoy aprendiendo a dar. Que estoy en camino.
Mi cincuentena pascual es un proceso que siento me lleva a aprender cuáles son mis límites, y cómo poner en ellos a Cristo para poder superarlos.
Que todos podamos dejarnos vivir estos cincuenta días que ya han comenzado. Nunca es tarde para sumarse a recorrerlos. Lo mejor que me ha pasado es vivirlos. Y los estoy viviendo.

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