GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

20 may. 2011

TENER MIEDO

CRISTO VENCE MIS MIEDOS

¿Tienes miedo?
Yo lo experimento muchas veces.
Desde mi experiencia, en mi evaluación personal acerca de lo que es el Stress, la gran mayoría de las veces, sino todas, las provoca el miedo.
Miedo a lo desconocido.
Miedo a lo que nos sucede y no saber si podremos soportarlo.
Miedo a no poder superar el acontecimiento o acontecimientos que desencadenan la vivencia del stress y sus consecuencias tanto psicológicas, emocionales, físicas.
Generalmente el stress viene como producto de la negación de lo efímeros que somos frente a lo que nos creemos, y como respuesta a la falta de control que tenemos sobre cualquier cosa.
En mi experiencia la necesidad de vivir como si realmente alcanzásemos la eternidad de cualquier situación de vida provoca un gran choque contra la realidad. Somos finitos y seremos eternos. Pero en el tiempo sobre la tierra que nos toca vivir nada es eterno, todo es finito como somos los hombres. El sufrimiento que ésto nos provoca o al menos que me provocó a mi a lo largo de vivencias de abandono, pérdidas, engaños, equivocaciones que luego me llevaron a vivir grandes dolores del alma es para mi parte del proceso de esa negación. De querer mantener a toda costa la ilusión de que en el mundo tenemos el control sobre nuestra vida y también sobre todos los que nos rodean. Cuando chocamos contra la realidad, a lo que llamo que se nos mueve todo el piso que nos sustenta, no podemos ver que nuestra verdad forma parte de ese finito-infinito que es la vida. Y que mientras la atravesamos sobre la tierra como mortales no asumimos que la vida terrenal tiene un límite, un tiempo. Y ese tiempo finaliza en un umbral: la muerte. Y todos nuestros miedos son miedos a ese umbral. Umbral: muerte que no nos damos cuenta que atravesamos siempre y todo el tiempo hasta llegar al límite final de ese tiempo que nos lleva de la mano a ser dados a luz a través de esa puerta: la muerte, a la vida plena, a la vida eterna, a la vida en Cristo. 
La muerte es un misterio.
No la conocemos, sólo cuando estamos por atravesarla. Y deja de ser misterio cuando la atravesamos. Cada dolor nos recuerda la muerte, porque es una muerte. Una muerte a una situación que era y que deja de ser. Cualquiera sea la situación. Incluso aún en aquéllos momentos en los que por tonto que parezca vivimos un malestar físico, un desencuentro con una persona querida, un enojo muy grande, en fin aún en estos momentos atravesamos umbrales de muerte que nos lleva si logramos poner a Cristo en cada instante, a una vida nueva. Ya no seremos, no somos los mismos. Porque ese encuentro con Cristo en esos momentos nos provoca un movimiento, una necesidad si revisamos lo vivido y lo ponemos como parte central de nuestra vida, de modificarnos. En realidad de permitirnos ser modificados por Él, por su amor. Ese amor nos atraviesa como una flecha en cada vivencia y nos lleva a un lugar de nosotros diferente del que estábamos. Sólo si le permitimos que nos atraviese con ese amor del Padre que Él nos quiere hacer vivir. 
Mi conclusión es que padecemos de stress, por la angustia que nos causa el reaccionar levantando muros y convirtiéndonos en personas inflexibles al amor de Jesús.
Cada situación nos lleva indefectiblemente a otra. Depende de que tan dispuestos estemos a abrirnos a la experiencia de encontrar a Cristo en cada una de ellas, para que salgamos de lo que nos puso allí para ir a otra más cerca de Él.  
La experiencia del miedo, como producto de la pérdida del control de las situaciones de nuestra vida es en mi vida, a pesar del stress que me produjo, la experiencia más vital que he tenido. Gracias a ellas he podido ir encontrando el camino que me lleva a abrirme al amor verdadero de Cristo. 
Hoy vivo más siendo verdaderamente en mi interior una criatura humana que puede vivir aprendiendo a aceptar que padece de límites y que esos límites me llevan a un mayor conocimiento del amor de Jesús.
Si tú te encuentras en esta situación del miedo, atravesando por un gran stress, o se te ha movido el piso y te encuentras a la deriva, permítete darte un espacio de mirar hacia adentro, de escuchar a Dios, de experimentar su amor más allá de la oscuridad que sientas que te rodea o en la que vives.
Vivirás te lo aseguro la experiencia más maravillosa que hayas podido atravesar. Verás el amor rodeándote. Mira a tu alrededor. No juzgues a pesar de tu enojo por estar atravesando algo que no quieres, mira nuevamente y te aseguro, porque yo lo he atravesado y lo atravieso que verás y experimentaras ese intenso amor del que te hablo.
 

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