GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

8 nov. 2011

EL ÁNGEL Y LAS PALOMAS, Y LA HISTORIA CONTINÚA...


El ángel y las palomas
Y la historia continúa....


En el interior de la casa, había mucho dolor, un dolor de pérdidas, engaños, de esperanzas que se esfumaron en un día. La casa era de ladrillos a la vista y mirada desde fuera nadie diría el dolor que en ella habitaba. Sin embargo a pesar del dolor, había una especie de gozo, de regocijo, de miradas atentas que de pronto se iluminaban. Vivían en ella después de la destrucción, dos mujeres y cuatro perros. Cuatro, tres de ellos ya se conocían desde hacía muchos años, pero uno, un cimarrón de gran porte, era un perro rebelde, malcriado por los mimos, fiero con todo lo que no le fuera conocido y no había terminado de aceptar a la nueva integrante. Una cachorra de nueve meses encontrada en una parada de ómnibus a la salida del trabajo de la que había quedado al frente del hogar. 

Su esposo se había marchado hacía dos años y a pesar de ello, no podía con su condición de "perro desprotegido, perro recogido" que de tanto en tanto y no tanto frecuentaba la casa buscando mantener lo que él mismo había querido perder.

Crisálida, de hada en mujer se había convertido. Y en un nuevo espejo se miraba. Mucho era el dolor que Barkoff le dejaba. Y su corazón herido consuelo no encontraba. Recuerden que todo lo que ella había creído se había derrumbado. 

Crisálida se asomaba ahora con un poco y mucho miedo a la vida. Una vida que sin Barkoff y los de la Faja morada, no conocía. Pero Dios le deparaba una nueva sorpresa.

Al principio creyó que entre el 2 de setiembre y el 16 de abril del año siguiente cuando todo terminó de caerse jamás volvería a levantarse. Mirándose al espejo, resonaban en su mente palabras de su tía: "¡ Hay que mirar la vida con alegría!". Y por detrás del espejo comenzó a dibujarse una extraña figura; era alada, de gran porte; las alas tocaban la punta del borde de su vestido. Lo reconoció. Ya en otra ocasión le había visto. Sabía de ángeles. Pero a la vez que reconoció que era un ángel, no se atrevió a preguntar: ¿qué hacía, allí en su espejo?. El ángel al principio tan sólo la miraba; con él venían unas palomas blancas como el sol al mirarlo de frente. Ambos estuvieron así por un buen rato. Los perros presentían su presencia y al principio ladraron y luego fueron quedándose quietos. Sabiendo, como saben, cuando no hay peligro.

Crisálida que se había animado a contar su historia a través de un cuento, le miraba entre asombrada y absorta. El ángel era hermoso, indescriptible como todo mensajero de Dios; los colores de su ropa y sus cabellos irradiaban una gran fuerza a la vez que una gran ternura.

Se preguntó si sería su ángel de la guarda. No reconoció que era el mismo Dios que convertido en ángel la visitaba. De pronto las palomas comenzaron a volar en torno a ella dentro de la casa. El ángel salió de dentro del espejo y ella se corrió para darle lugar.

- ¡Hola!, dijo el ángel. No te preguntas: ¿por qué me has visto hoy, cuando siempre has querido saber como soy?
- Ella no podía mover ni despegar los labios. Era tanta la conmoción de la maravilla que vivía, que no podía salir de su asombro. Temprano, luego de andar entre las plantas, se había arreglado, no sabía muy bien por qué. A alguien esperaba. Barkoff había dicho que vendría, pero algo raro sucedía. No era a él a quién su corazón anunciaba. No sabía, pero algo le decía que no sería una tarde más de un larguísimo fin de semana.
Había comenzado con una conversación larga con su tía, un hada que la había criado, la que no dejaba de decirle que al dolor hay que ponerle un ¡basta¡ Antes amaba cada fin de semana, aunque siempre trabaja, amaba lo que hacía con Barkoff para quienes ambos creían que era Dios. Los sábados eran especiales, se reunían a orar a la Virgen María en una nueva advocación, exclusiva y jamás vista por nadie más que aquellos a los que ellos servían, pero en quién sin duda tanto Crisálida como Barkoff creían. Y Dios estaba. Estaba por la gente; estaba por la fe que esas personas que asistían depositaban en Él a través de la Virgen nueva que aceptaban, aunque equivocadas a través de quién. Pero ese día era especial, había salido el sol y el día se presentó cálidamente extraño. Cuando vio al ángel adentro de su espejo, lo supo, lo confirmó;  sería un día especial, de esos que te cambian la vida. Su Tía el hada, había avisado que venía y estaba al llegar. El ángel la observaba. Y esperaría, pero se quedaría. Traía un recado que no podía dejar de expresar. Y la tía llegó. Hablaron, tomaron café con pastel de chocolate preparado sólo como las hadas saben preparar, y sin querer, la tía que en Dios ni en ángeles creía, tomó de la mesa un libro que sin saberlo se llamaba: "La Respuesta del Ángel", escrito por Gitta Mallasz, quién vivió en la segunda guerra mundial; al leer algo en el lugar donde lo abrió dijo: "esto mismo es lo que pienso yo y es lo que quiero que entiendas tú."

- El ángel que había aparecido en el espejo dijo, escríbelo para que no sólo tú puedas saberlo, y llegue a muchos como se sale del dolor y de las crisis.

"La palabra es acto"
"La palabra verdadera eleva"
La palabra mentirosa entierra.
No es que entierre la vida,
entierra el espíritu de la vida."

- Ahora cambia de página y lee lo siguiente dijo la primer paloma que se había acercado suavemente a Crisálida.

"Desastres, tinieblas, guerras,
son la falta de fruto.
Él tiene hambre en el hambriento.
Él es el que pide pan.
Él es el llanto del que sufre.
¡Basta ya de graneros repletos de trigo viejo!

-Ahora lee los siguiente, dijo la segunda paloma que ni acercarse oyó.

¡Buscad el nombre de lo Nuevo, incesantemente!
¡ EL NOMBRE!
Porque la nueva PALABRA
tiene poder creador.

- Ahora recuerda estas palabras de esta página, dijo anunciando una tercer paloma.

¡Pueda la lengua estas sólo al servicio de la Palabra!
¡Puedan los ojos mirar con la nueva mirada!
¡Puedan las manos abrirse para no retener nada, solo DAR!
¡Pueda, al fin, llegar la PAZ!

Y el ángel siguió mostrándole donde debía leer para saber como comprender lo que "el que está en los cielos me quería decir".

- "El juramento es decisión"
Cuando la simiente comienza a germinar, pierde su identidad de grano. Se pierde a sí misma. Perdiéndose da vida a nuevas simientes: veinte, tal vez cuarenta.
Para el grano es el único modo de dar fruto.

- "El juramento no ata.
El juramento desata todo lo pasado"

-"El grano deja de ser grano para ser pan.
Pero tened mucho cuidado a la hora de sembrar.
¡No lo echéis en la tierra! Sobran silos en ella. En cambio el Cielo sigue vacío.
Porque todavía no ha sido la siembra.
Aunque tropiece el sembrador, que siembra en la tierra, la simiente encuentra donde caer, germina y crece.
Pero el sembrador, que siembra en el Cielo, no puede tropezar porque el grano volvería a él y se desperdiciaría.

El Campo de siembra en el Cielo es el siete.
Hace mucho que está labrado y preparado.
Sembremos el grano en el campo del Cielo y nacerá el milagro.
Crecerá el pan que nunca ha de faltar.
Toda mano tendida se llenará.
Todo hueco se colmará.

¡Escuchad!
El grano de la sementera no es para comer.
El maligno se alegra cuando se hace pan con la simiente.

Hasta ahora el trigo ha subido hacia el Cielo.
Desde ahora el trigo bajará sobre la tierra.
¿Pero, dónde está el Cielo?
¿Abajo?
¿Arriba?

En verdad, el cielo se encuentra dentro de vosotros.

-Ahora cierra el libro del cuál has tomado palabras que son Palabras, aunque prestadas de esta valiente mujer Gitta Mallasz y que vivió en la guerra y perdió a sus tres amigos.

-¿Has ganado o perdido? Le preguntó el ángel a Crisálida. A través de la guerra que has vivido, ¿has ganado o has perdido?. Atravesaste una noche muy oscura, tal vez la más oscura de tu vida, o la que crees lo sea, sin embargo: ¡has visto crecer la luz en medio de ella! Has perdido a Barkoff, tu esposo,¿pero no has aprendido a amar más y mejor? Lo perdido tiene una razón, y saberla encontrar es vivir nuevamente. 

-¿Has encontrado la respuesta? preguntó el ángel a Crisálida.

-Ella por primera vez miró al corazón del ángel y vio una luz deslumbrante; se mareó y casi se desmayó. Ahora lo sabía, por eso el libro había llegado a sus manos el 15 de agosto, día del Nombre de María. El ángel le traía la respuesta, la respuesta de Dios para ella. La que había estado esperando. Y ahora se abría ante ella un nuevo camino, un sendero de posibilidades: podía seguir llorando, o, abrazar la vida que Dios le ofrecía con renovada alegría.

-¿Cuál sería tu elección, a tí lector, que me estás leyendo ahora?
La de ella fue: ¡Abrazar la vida que Dios le ofrecía!, con todo su dolor y alegría.

-Cuando Crisálida volvió a mirar donde estaba el ángel y su corazón, había desaparecido, estaba la libretita de hojas donde ella había escrito lo que creía era un cuento.

Gracias Señor dijo, por haberme dado la oportunidad de volver a la vida y se retiró a soñar con su nueva vida.

Bettina Galo

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