GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

8 nov. 2011

EL HADA DEL GRAN BOSQUE, HISTORIAS QUE SON VERDAD


EL HADA DEL GRAN BOSQUE
una historia que es verdad
Del Dios de la Alquimia
al Dios de la verdad.

Erase un gran bosque, de Robles, Abetos; árboles de todos los tamaños y colores.
En la primavera se pintaban de hojas verdes y brillantes unos, de oscuros verdes y dorados otros, de azules y plateados.

En el bosque dormían y vivían las hadas. Hadas de todos los colores y cada una tenía una especialidad.

Las había que se ocupaban de libar las flores para llevar el néctar de la vida de aquí para allá; las había tejedoras de largas lianas que entrecruzaban los árboles, para que en ellos los monitos más pequeños pudieran recorrer el bosque y jugar mientras sus mamás reían,y reían al verlos hacer piruetas. Otras veían que la cantidad de pétalos estuvieron en orden y fueran del color de la flor y se entretenían en hacer pillerías: cambiaban a veces los tonos de unas en otras, entonces así de una planta de Ibiscus que se encontraban en un claro del bosque donde podía recibir mucho sol, amarillos sus pétalos, nacieron otros de color amarillo y rojo de las más variadas formas.

Especialmente había un hada que brillaba mucho al anochecer, esta se encargaba de ver que todo el bosque estuviera durmiendo y si encontraba alguno remolón en el sueño, lo arrullaba con canciones de cuna.

Todas eran hermosas y especiales, todas reían mientras trabajaban o jugaban.

Sus alas eran translúcidas, reflejaban el sol o el color de los árboles y hasta a veces se las podía confundir con los mismos árboles o plantas de muchas flores que había en el gran bosque.

Por supuesto, como en todos los lugares, y así, también entre los árboles, así entre las hadas, había un hada que era muy especial para todo el bosque, esta hada tenía una gran responsabilidad que compartía con otras hadas. La llamaban Crisálida. Había tomado el nombre por su forma y color, por ella pasaban todos los rayos del sol, dejando miles y miles de matices que al transparentarse se veía formar un gran arco iris con todos sus colores.

Esta hada, Crisálida, sufría muchas veces por sus otras compañeras porque todavía el amor no les había tocado a su puerta. Ella y sólo ella había tenido esa gran fortuna. Había sido un amor inolvidable. Con un gran árbol del bosque, al que todos decían era un Ent.

Parecía imposible un amor así. Un árbol y un hada. ¿Que tenían en común?

Sin embargo, el Ent cuando la conoció, inmediatamente se enamoró. Y el hada que poco lo veía como algo posible, se resistía al principio.

Él, era un gran Árbol del bosque, estaba en él casi al mismo tiempo en que ella llegara. Él, era considerado uno de los principales reyes que había entre los árboles, y su espíritu parecía generoso, aunque a veces se mostraba tacaño y ermitaño, No gustaba de hablar mucho y hasta era un tanto perezoso. Todos los otros árboles lo conocían bien y no se le acercaban por tenerlo por egoísta y solitario.

Crisálida cuando supo que a pesar de que el Ent se había enamorado de ella, no parecía hacer mucho por despejar las dudas en en ella generaba, solía sufrir a solas el amor que el ella despertaba.

Barkoff, se llamaba, este árbol solitario del bosque. La veía jugar y recorrer el bosque haciendo sus tareas muy entusiasmada y cuidando de cada uno de ellos. Él cuando la conoció dijo: va a ser mía para toda la vida.

Barkoff, tenía un gran impedimento, se había unido con sus raíces a otro ser del bosque, casándose con ella desde hacía ya algunos años. Tiempo antes de conocer a Crisálida y sin saber que alguna vez le ocurriría, prometió al Gran Dios que siempre la amaría. La juventud y su necesidad de libertad, le hicieron caer en una trampa, que el tiempo descubriría.

Pero Barkoff no sabe cómo, sintió en su corazón, que el Hada era lo que él buscaba. Se quedaba con ella largas horas hablando. Le contaba un millón de cuentos intentando hacerla reír. Pero como árbol que era, unido estaba a través de sus raíces y moverse no intentaba.

El amor que sentía por el hada le hacía buscar la forma de liberarse del compromiso que traía. 

Pero se había enamorado de un hada, y un hada no puede vivir junto a un Ent, salvo que lo haga en sus ramas; desde que se conocieron reñían mucho por cosas diferentes, pero ambos sin darse cuenta se enamoraron.

Un buen día llegó al bosque un hombre vestido de ropas extrañas, eran largas, negras, llevaba una faja en la cintura de color morado, y un sombrerito sobre su pelo ensortijado del mismo color que la faja.

Se puso a enseñar a los integrantes del bosque "su magia" y sus conocimientos parecían increíbles, todos los aplicaban y parecían dar el resultado que cada uno necesitaba. Alquímicos los llamaban. Criaturas de Dios decían. Y Crisálida y Barkoff entusiasmados se les unieron. 

Paso el tiempo y el Ent y el hada se enamoraron cada vez más, hasta que un día a pesar de sus grandes diferencias y habiendo Barkoff encontrado el permiso de desprender sus raíces de la criatura a la que había consagrado primero su amor, le pidieron a ese extraño que los uniera en Sagrado Matrimonio. Y el extraño aceptó, diciendo que cortaría las ramas que le impedían consagrarse nuevamente.

Y así fue como Barkoff se unió a Crisálida en un amor consagrado para siempre.
Crisálida y Barkoff vivían para ese extraño ser, y fue así que conocieron a la que era su esposa. Ella también llegó a vestir las mismas ropas que le conocían a él. Vestían y portaban capas muy vistosas y coronas de piedras preciosas que brillaban en la noche mucho más que Crisálida, así que supusieron que Dios los enviaba.

Ellos lo confirmaban. De él se desprendían aromas exquisitos, óleos que de sus manos, cabeza y cuerpo  se derramaban. Santos dijeron. Y no sólo eso, creyeron que el mismo Dios era quién estaba en ellos y hasta tal punto lo creyeron que a todos decían que era el Gran Dios llegado al bosque.Cuanta felicidad sentían. Pero no a muchos les convencía. Así que decían ser siempre atacados. Crisálida y Barkoff como escuderos se pusieron. Trabajaban día y noche sin descanso. Y así fueron convenciendo a muchos de los seres del bosque. Trabajaban duramente, pero para Dios trabajaban.

Y se olvidaron de ellos mismos.

Muchos tenían sus dudas acerca de quienes eran en verdad y no muy convencidos por Crisálida y Barkoff igualmente los seguían.

Un día una nube negra se instaló en el bosque. Y con su oscura densidad nada se veía. No se reconocían unos a otros, ni entre ellos mismos.

Esa oscuridad lo abrazaba todo, salvo en aquellos que aún a pesar de los años de seguir sus conocimientos, seguían manteniendo abierto su caudal de dudas.

Crisálida y Barkoff se perdieron el uno al otro en esas densas nubes que todo lo cubrían; pero tratando de descubrirse y descubrir de donde provenía esa gran oscuridad, destaparon una gran olla en la que la esposa del hombre de faja bordó, revolvía y revolvía, poniendo hojas, ranas,tallos muertos y otras alimañas que ellos desconocían. Y al penetrar en esa oscuridad aún más densa que las que los había separado, definitivamente dejaron de verse el uno al otro. Crisálida buscaba la verdad y buscando destapo la gran olla que ellos ocultaban. Barkoff seguía sin rumbo el rumbo que ellos marcaban, dejando señales en la tierra húmeda del gran bosque.

Entre las señales había una Ent que era hermosa y de la que Barkoff al no reconocer más a su esposa, se enamoró. Y siguió sus pasos hasta conseguir vivir junto a ella. Crisálida lloraba día y noche; y un día la vino a visitar la muerte, vestida de grandes colores. Crisálida se confundió y creyó que debía partir con ella.

Pero sus amigos del bosque, aquellos que aún habían guardado su caudal de dudas acerca de ese hombre y esa mujer, se pusieron a su lado y la sostuvieron. Crisálida no parecía querer vivir más sin Barkoff, pero cada día era un día que le ganaban a su muerte. Sus amigos no aflojaban ni en atención ni en cuidados. De alguna manera ella los había cuidado en su sueño durante tanto tiempo, que ahora el amor de ellos la cuidaban y la iban llenando de la vida que Dios quería.

Pasó el tiempo y Crisálida aprendió a verse en un nuevo espejo; la oscuridad se fue despejando desde el día en que ella destapó la olla y dejó ver la oscuridad que emanaba de ese hombre y esa mujer. Le costó mucho llanto y muchas largas horas de dolor. De estar sin rumbo erraba por entre los Ents del bosque, las flores, los árboles, las plantas. Pero el sol había puesto su marca en el bosque y ya no se iría. Despejaría hasta la última de todas las nubes que lo habían prácticamente hecho desaparecer de los ojos de Dios. Aunque Dios lo veía todo a pesar de las sombras negras que todo lo habían querido cubrir, y dejó que pasara para enseñar a cada uno en su libertad donde verdaderamente irlo a buscar.

Pero Crisálida y Barkoff no se volvieron a ver. Ella soñaba con un día en donde él, su Barkoff estirara sus ramas para darle nuevamente cobijo a ella. Pero Barkoff seguía unido a su nueva compañera, otra Ent de un viejo bosque que había aparecido en el gran bosque durante la oscuridad y que parecía no querer volver a aquel del que había venido. Decía amar a Barkoff y él a ella, así que Crisálida quedó junto a sus nuevos y viejos amigos del bosque y Barkoff no la veía.

Ello lo intentó todo, le quería mostrar que Dios le había regalado vestidos nuevos y se vestía de sol, pero él no la veía. Barkoff veía aquello que quería ver.

Crisálida gracias al amor de sus amigos y hermanos que Dios le regaló, siguió su camino y aprendió que Dios estaba más cerca de lo que ella creía y le habían enseñado, y lo pudo reconocer gracias a los esfuerzos que hizo por encontrarlo. Descubrió la verdad de ese amor de verdad. Y vivió gracias a Él, su Madre y sus amigos y hermanos del bosque que creyeron en la verdad que ella transmitía.

Esta es una historia verdadera, por eso no tiene final.
Y colorín, colorado, este cuento no ha acabado, porque en la historia de las hadas, el final siempre es un nuevo y maravilloso comenzar.

¡Ah!, Crisálida encontró a Dios y tanto se enamoró, que una nueva vida vivió, y contando con su amor Crisálida busca ser la mejor Crisálida que pueda ser. Barkoff será el mejor Barkoff que él quiera llegar a ser. 

Todo parecido con la realidad, es verdad.
Bettina Galo
Mi propia experiencia de los falsos profetas que inundan la tierra.

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