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27 ene. 2012

LA LIBERTAD

La Libertad

Desde hace siglos; desde que el hombre es hombre ha querido imponer su poder sobre todo otro. Desde siempre la humanidad cree que su "libertad" depende de resquebrajar la del otro. 

La libertad es un don. Don que nos regaló Dios Padre a través del Sí de la Virgen María, en su Hijo Jesucristo.

La libertad proviene del amor inconmensurable e infinito del Padre, de la Virgen y de su Hijo.

La libertad es el bien más preciado con el que hemos sido regalados.

Dios nos creó  a su "imagen y semejanza". Nos dio el "libre albedrío". Libre albedrío que ni él se atreve a mancillar, pudiendo hacerlo, incluso al ver nuestras vidas y almas en peligro. Nos sale al encuentro y nos propone otros caminos. Pero respeta nuestra decisión. Y tanto la respeta, que respeta nuestro NO hacia el amor que Él nos ofrece.

Hoy como antes, el hombre vuelve a querer tirar abajo este derecho que nos fue regalado.

Muchos mueren en su defensa. Muchos en defensa de las libertades para otros. Muchos entregan su vida tras la realización plena de este derecho.

El mundo se ha globalizado le llamamos hoy como forma de decir que aún estando lejos los unos de los otros, lo que sucede en un determinado lugar nos afecta directamente a todos.

Hoy las libertades están siendo cercenadas lenta y progresivamente. No nos damos cuenta porque de pronto no nos sucede en lo inmediato a cada uno de nosotros. Pero sucede en la vida de otros.

Quienes las van retaceando lo hacen por miedo. Sí, miedo. Si eres libre, no te pueden controlar. No te pueden manipular. En definitiva su poder no existiría.

A veces pensamos y en mucha medida es cierto, que la educación es la base para llegar a esta libertad.
Pero no es la verdad completa.

Hay muchas personas que no tienen una educación ni básica ni formal, pero que sus corazones son libres. Y esa libertad no es comprable. Ni atenuable. La viven y viven a través de ella. 

Podrán ponerlos presos, encerrarlos, tirar los candados, privarlos de comida, de agua, de sol, de cielo, de amor humano, torturarlos, pero su interior es libre y sigue siendo libre como nada hay en la creación comparable, salvo el amor de Dios.

Esa libertad nace de ese amor que sienten dentro como un fuego que los abraza. Es su fuerza. Y les quitarán todo, menos su libertad interior que los hace soñar con un mundo mejor.

Estos seres humanos caminan entre nosotros y tal vez no los vemos. Ni los reconocemos, pero son nuestros puntos de referencia.

Hoy las libertades humanas están cuestionadas. Apuntan desde todos lados para cortar las alas. Y no es cuestión de países, surge desde dentro de nuestras propias almas. Somos nosotros mismos quienes no respetamos esa libertad que nos fue dada como regalo.

Si somos sinceros y nos miramos por un tiempo nuestro hacer y accionar, vemos cuantas veces esperamos que el otro no pueda decir lo que yo no quiero escuchar. Deseamos que por ser tan diferente a mi modo de vivir y pensar, alguien le calle la boca. Y creemos que cuando a alguien le quitan la libertad, debe ser merecedora de ello.

Nos comportamos como los amigos de Job. Frente a Dios tenía que ser culpable, sino, ¿cómo era posible que todo junto le hubiera ocurrido?

Nuestro deber es asumir este regalo que es la libertad actuando con responsabilidad.

Responsabilidad de no abrir la boca para decir y lastimar.
Responsabilidad para proponer un mundo mejor.
Responsabilidad para asumir el compromiso de defender las libertades que no son las nuestras.
Responsabilidad de expresar nuestros derechos no permitiendo el abuso sin entrar en la ira del otro.
Responsabilidad de saber que mi ejercicio de libertad está limitado por el ejercicio del otro y respetar ese espacio que se abre entre ambos.
Responsabilidad de respetar al otro en su diversidad y en la divergencia.

Somos responsables por no poder "amar".

Somos responsables porque el saber del otro nos hace prójimos y ya no distantes. Entonces el otro es también mi responsabilidad. Mi responsabilidad en el sentido del no abandono. De la no negligencia. Del compromiso que debo asumir en la defensa de sus derechos. Pero siempre hasta dónde éste mismo ser me lo permita ejercer.

Todo sentir totalitario siempre se siente amenazado por el ejercicio de la libertad humana.

Por eso nunca debemos claudicar en pro de la defensa de este derecho. Y al ejercerlo asumir la responsabilidad de nuestros actos y dichos.

Todo mal tiene un límite: el amor.
Contra el amor no puede.
Sólo quién es capaz de amar limita el ejercicio de todo totalitarismo y abuso.

Nuestras diferencias pueden ser el mejor ejemplo de amor, si en ellas podemos unirnos para enriquecernos los unos de los otros.

Podemos estar formados y haber pasado por los mejores colegios y universidades y ser seres humanos con la mejor educación formal y aún así no ser libres.

La educación primera, la que es absolutamente necesaria, es la que educa en los valores humanos. La que permite el enriquecimiento en la diversidad. La que sostiene el derecho a la libre expresión dentro del respeto y el buen vocabulario. La que nos lleva de la mano a buscar la belleza del ser humano.

Que no nos hagan perder nunca este sueño. Que podamos caminar aún dentro de la oscuridad en esa libertad interior que sabe que lo único que puede hacer es amar incondicionalmente.

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