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25 ene. 2012

PENSAMIENTOS DE SAN VICENTE PALLOTTI 25 de enero

Pensamientos de San Vicente Pallotti

25 de enero

"Acuérdate de ti
y olvídate de mí.
Acuérdate de la santísima Virgen María
y olvídate de mí.
Acuérdate de todos los ángeles y santos
y olvídate de mí.
Acuérdate de todas las almas del purgatorio
y olvídate de mí.
Acuérdate de todos los justos
y olvídate de mí.
Acuérdate de todos los pecadores y de todos los infieles
y olvídate de mí.
Acuérdate de todos mis enemigos y perseguidores
y olvídate de mí.
Acuérdate de ti y de tus obras
y olvídate de mí."

Hoy mientras transcribía para la novena este día, reflexionaba acerca de lo que San Vicente Pallotti quería transmitirnos a todos los llamados a ser apóstoles, por ser bautizados.

Creo que nos señala el 'camino del desapego de uno mismo". Y nos llama a seguir a Dios en medio de nuestras tribulaciones, rescatando ese mirar nuevo que él mismo a través del amor a la Virgen pudo obtener.
Ser capaces de ver antes que a nosotros mismos, las maravillas que Dios hace en nosotros. Viendo a través de toda la creación y del hombre en su sufrimiento, en su camino de santidad, en su dolor, en su pecado. Le pide a Dios que sabiendo San Vicente Pallotti que por la propia naturaleza y esencia, por lo que es Dios, el Infinito Amor y la Infinita Misericordia, ha de posar sus ojos en nuestras necesidades, antes que en él mismo. Así siento que fue la entrega del gran amor de Cristo hacia nosotros. Fuimos primero en su amor luego del amor incondicional al Padre.

Y me trasmite, que el camino al amor, lleva al olvido sano de uno mismo. Y digo sano, porque, ese olvido debe ser fructífero. Debe ser un amor que surja del mirar nuevo de todo cuanto nos rodea. Pudiendo salir de lo que yo llamo: "nuestros propios ombligos". Mirar en torno a nosotros, y con la asistencia del Espíritu Santo, estar junto a Cristo en los otros, con todos nuestros dones y carismas puestos al servicio de la construcción de la iglesia, en los otros y dentro de ella. 

No ese olvido, que nos lleva a la muerte de nuestra identidad como hijos de Dios, sino, a la muerte de aquello que nos separa de Dios. De los que nos mantiene olvidados de ese Dios infinito Amor y Misericordia.

Dios no quiere de nosotros flagelaciones, promesas, peregrinaciones; quiere de nosotros un corazón abierto a recibir su amor para poderlo ofrendar a todos los demás. Necesita que nuestra vida y nuestra fe se unan en un todo coherente.

Ese olvido de nosotros mismos, es el olvido de todo lo que no le permite a Dios llenarnos de él. Hacernos discípulos de su Buena Nueva. De que el Amor que es Él está allí para ser multiplicado y no guardado en cofres cerrados.

San Vicente Pallotti sintió la urgencia de este despojamiento de él mismo. Y así pudo llenarse de Cristo. Y nos marca el camino, cómo se lo marcó a él la santísima Virgen, al mirar como fue su vida y su caminar tras su Señor y su Dios. 

El despojamiento de lo que nos separa de Dios siempre duele. Porque siempre nos crea una crisis interna que se manifiesta en el exterior. Despojarnos de lo que separa para abrazarnos a lo que nos une, pide de nosotros un cambio, un virar de rumbos, un seguimiento comprometido.

Pero no estamos solos. Su Espíritu Santo está junto a nosotros. Él promueve los cambios y nos da todo lo que necesitamos para poder abrir nuestros corazones y dejar partir al tiempo del pasado, lo que hoy en el presente se opone a que en el hoy y en el futuro podamos construirnos como imagenes y semejanzas de Cristo.

Nuestra fe y confianza están depositadas en que ésto es así. Y por eso podemos disponer el alma para que Dios intervenga en ella.

Que así sea.


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