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24 ene. 2012

PENSAMIENTOS DE SAN VICENTE PALLOTTI 24 de enero

Pensamientos de San Vicente Pallotti

24 de enero

¡Dios mío!
¿Quién me dará lágrimas?
¡Quiero llorar tan negra y monstruosa ingratitud hacia tu amor infinito y hacia tu infinita misericordia!




Al leer el pensamiento que corresponde al día de hoy 24 de enero en el Libro "Hambre y Sed de Dios" de San Vicente Pallotti, primero sentí un "choque". Cómo un tren me pasaba por arriba. Y luego, puesta en la realidad del diario vivir, en el hoy que vivimos sentí cuan grande es por lo pronto mi ingratitud, y la de muchos en el mundo histórico que me ha tocado vivir, que nos ha tocado vivir.

Me veo a mi misma y pienso: ¿cuántas veces me levanto dando gracias a Dios?,
¿Cuántas veces en el Día, estoy atenta a su estar junto a mi?
¿Cuántas veces cualquier circunstancia me hace enojar y no puedo ver su cercanía?
¿Cuántas veces el dolor que sufro no me permite experimentar su consuelo que está?
¿Cuántas veces me detengo en el instante del inconveniente y me aferro a eso y no a la certeza de que él ya lo ha tomado en sus manos?
¿Cuántas veces el hacer cotidiano hace que no me tome ni un minuto para hablar con él?
¿Cuántas veces al día lo olvido?

Y sí, siento como un tren que me aplasta. Siento la ingratitud que nace de mi.

Ingratitud porque he visto su hacer primero en mi, modificándome. Ayudándome a ser mejor persona. Asistiéndome en los excesos emocionales que nublan mi mirada y no me dejan ver. Mostrándome lo que no necesito y es superfluo para mi, pero una gran necesidad para tal vez el que pasó frente a mi casa o está tan cerca aunque lejos. Secando mis ojos con una palabra de cariño que mi tía o mi hermana, o mis más entrañables amigas me dicen justo cuando mi corazón se siente destrozado por algo que me trajo un recuerdo doloroso del pasado. Cambiando mi mirada de la vivencia de los problemas de hoy, de ayer, haciendo que de ellos pueda extraer un nuevo aprendizaje.

Sí siento mi gran ingratitud. Y esto me destroza el alma. Me hace sentir lo horrible que puedo ser.

Y al instante, al volver a leer, sin embargo, me acuerdo de su infinita Misericordia. Sé que él me conoce y me ama tal como soy. Sabe de mis debilidades y de mis inconsistencias. Sabe que aunque me esfuerce muchas veces no lo llamo y pido su fuerza para que me sostenga y acreciente mi fe. Y me espera. Espera sosteniéndome. Espera que yo abra mi puerta interior y le diga: Padre contigo todo es posible, hasta que me levante de entre los muertos de mis recuerdos pasados y hagas de mi una criatura nueva que pueda ver las maravillas que obras en mi y para mi cada día. Sabe de mis miedos y temores más profundos: el no poder llevar yo el control de los sucesos de mi vida. Sabe que en esos momentos yo quiero: Ser él y ponerme en su lugar. Y me deja analizar y rever mis decisiones, abriendo mi razón a su escucha, y ayudándome a decir: Padre, envíame a tu Santo Espíritu, pongo mis días en tus manos, quién mejor que tú, sabe lo que es mejor para mi y para el mundo que tengo que recorrer.

Y mi corazón comienza a saltar de alegría. ¡Dios nunca me abandona!

Y rugiente de entre mi corazón nace: ¡Gracias Padre, por Jesucristo y tu Espíritu Santo!
¡Gracias Padre, por Jesucristo que me levanta de mi misma!
¡Gracias Padre, por el Espíritu Santo, que me hace llegar a raudales tu amor infinito!
¡Gracias Padre, por la Virgen María, que me has puesto como guía para ir a tu encuentro!
¡Gracias Padre, por haber sido llamada a través de San Vicente Pallotti, a formar parte de la Unión del Apostolado Católico, y encontrar en él un lugar donde servirte!
¡Gracias Padre por mi vida!
¡Gracias Padre por la vida!
¡Gracias Padre porque escuchas y atiendes mis súplicas antes de elevarlas a ti!
¡Gracias Padre por permitirme sentir el dolor de mis hermanos!
¡Gracias Padre porque abres posibilidades de llevarte a todas partes!
¡Gracias Padre porque te has entregado en Jesucristo, para hacerte más cercano!
¡Gracias Padre por la paloma de la virgen, que canta, en este momento, anunciando un nuevo día!
¡Gracias Padre por enseñarme todos los días a seguirte como discípulo!


¡Gracias Padre por tu infinito amor infinito!

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