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20 ene. 2012

SAN VICENTE PALLOTTI UN HOMBRE ENAMORADO

A los 49 años de su Canonización y en el Jubileo que nos prepara para sus bodas de oro.

Prontos a cumplir 50 años de la Canonización por parte de Juan XXIII de nuestro amado San Vicente Pallotti, la comunidad Palotina se prepara durante todo el año para ser cada día mejores misioneros y discípulos de Cristo.

No se puede decir de Él otra cosa, que fue un hombre enamorado.

Amaba con todo su ser a Dios, y lleno de Él, amaba intensamente a los seres humanos. Sentía la necesidad de "achicarse" él, para elevar a cuantos pudiera mientras viviera.

Y así lo hizo. Construyo el Sueño de Dios, en todas las formas en que su ser pudo. Sintió desde muy pequeño la urgencia de dar respuesta a ese "llamado" que Dios le hacía.

Enamorado como un "loco de amor", así como lo fue Cristo por todos nosotros, San Vicente Pallotti creía en el trabajo en "comunidad". Donde la fe se desarrollara y creciera, sumando dones y disposiciones para entregar ese Amor Infinito Amor de Dios que él experimentaba y había descubierto.

No voy a hablar de su "biografía", ya que hay mucho texto escrito sobre él. Y sin lugar a dudas con más autoridad que la que yo pueda llegar a poseer.

Quiero hablar de mi propia experiencia de él. Sí, de mi propia experiencia de este Santo enamorado del hombre por estar enamorado de Dios.

Formo parte de su comunidad. Formo parte de lo que fue su sueño, la creación de un movimiento que uniera a todos -prelados,sacerdotes,laicos- católicos, enamorados de Cristo dispuestos a apostar a ese Sueño Maravilloso de Dios, sumar al Reino de Amor que Cristo había traído consigo.

Todos unidos, sumando. Todos unidos,trabajando. Todos unidos, sirviendo. Todos unidos caminando para entregar el amor de Cristo y de la Santísima Virgen María.

San Vicente sufría el dolor de cada hermano. Por eso se lo veía recorriendo las calles de Roma, siempre dando todo de sí, entregando amor y consuelo a todos. 

No le tocó vivir un tiempo fácil. Tiempo de persecuciones, de crímenes, de odios religiosos impuestos por Napoleón. Sin embargo, el espíritu de San Vicente se vio fortalecido por tanto dolor que vivía y veía vivir.

"<<¿Dónde estaría el secreto del vigor y sabiduría que admiramos en Vicente?>> se pregunta el padre José Maimone S.A.C a quién le tocó escribir sobre Vicente en conmemoración de las bodas de Plata de su canonización. Y dice: << Según nuestro punto de vista estaba en la confianza sin límites en Dios y en la entrega total de su voluntad...>>

Vista la tarea ardua y difícil que llevo adelante, es sin lugar a dudas esta confianza en Dios, así como lo fue en María, lo que hizo posible que atravesara todas las tribulaciones, enfrentamientos y días de dolor, hasta lograr llevar adelante ese sueño que Dios fue forjando en él lentamente.

La Unión del Apostolado Católico.

Vicente escribía según Maimone en su diario lo siguiente: ..."Desearía mucho entrar en un convento, donde me elevaría a mayor perfección. Creo, a pesar de todo, que Dios me quiere en el mundo. ..."

Ya ordenado sacerdote decía Pallotti cuando le tocaba instruir acerca de Dios a quienes llegaban a su Catequesis, "<< Instruyendo a los otros debo hacer oración e intentar sacar yo mismo, los frutos que deseo a los que instruyo. Que el amor de Dios esté en mí y en todos. Donde no pueda llegar la eficacia de mis trabajos, vuelen las alas de mis deseos."

Así fue toda su vida, ejemplo de humildad, servicio, entrega y amor. 

Pero sus sueños iban más allá de lo que entonces era permitido. 
Vicente creía ardientemente, pero estaba convencido que la "caridad sincera, no se satisface con sentimientos. Para él en ese tiempo de tan duras vivencias entre ellas, él cólera que arrasaba en Roma, su corazón no le permitía estar quieto. Era necesario ayudar y dar soluciones con hechos, no sólo con sentimientos y palabras, a la vez que instruía, confesaba, asistía, entregaba el Cuerpo de Cristo.

 Era un hombre cuya alma había nacido "misionera". Llevar a Cristo a todas partes y a todos. E intentaba y lo conseguía infundir este sentir en el alma de los demás.

Hay una oración de San Vicente que toca a mi alma particularmente y no por considerarme de ninguna manera santa, sino, porque en ella me siento enseñada por él cómo debe estar mi corazón a la hora de orar: "<< Es el abismo de la miseria que clama por el abismo de la misericordia.>>", así definía él su oración.

Todas estas vivencias del amor a Dios que experimentaba San Vicente y su imperiosa necesidad de llevarle a todas partes, para ser todo en todos, hace crecer en mi la necesidad de dar respuesta. Y hoy al cumplirse las bodas de oro de su Canonización, en el inicio del jubileo de sus bodas de oro, necesita mi alma, llamada por Cristo a través de San Vicente Pallotti, a dar respuesta.

Respuesta que sin el auxilio de quienes son seguidores de su propia vivencia, de la vivencia que iniciará en ellos el llamado de Cristo a través del sueño que finalmente llevara a cabo San Vicente Pallotti, sería imposible.

Mi fe aún inmadura, va camino a su madurez.

Y la respuesta que mi alma quiere ofrecer al llamado de Cristo, a través de este sueño maravilloso de la "Unión del Apostolado Católico", es hacer de mi un instrumento de paz. Transmitir a todos allí donde me encuentre el profundo amor de Dios por nosotros y hacer en consecuencia.

Soy fruto de la vivencia Mística de los Santos, de la Comunión de los Santos, como luces que Dios ha ido colocando en mi camino para enseñarme como llegar a su Encuentro.

Leyendo sobre la vida de San Vicente Palloti, y viviendo como fue mi propio proceso hasta llegar a estar donde su sueño quiere ser hoy una verdad hecha realidad, veo como esas luces que son el reflejo de Cristo en los hombres y mujeres santas que ha ido colocando en mi camino, se han re-unido para ayudarme a ver mi verdadera vocación misionera: Re-encender la fe.

Ser testimonio del amor de Cristo. Llevarlo conmigo a todas partes, y donde haya dolor poner consuelo, donde haya odio, paz; donde haya desconocimiento, darlo a conocer.

Sé que por mi misma soy incapaz de llevar adelante todo esto, más la confianza en Dios que ha ido tomando  mi ser, pide como pidió San Vicente en su niñez, cuando sus maestros dijeron que lo tenía todo para ser sacerdote, menos la inteligencia necesaria para alcanzar los grandes estudios, al Espíritu Santo, me de todo lo necesario y quite de mi todo aquello que se interponga en mi respuesta de servir al amor de mis amores, Cristo. Mi Señor y Nuestro Dios.

Y así, como lo hizo en Vicente niño, dotándolo de todo cuanto necesitaba, confío en mi Señor que enviará sobre mi al Espíritu de su Amor, el Espíritu Santo y podré dar con hechos la respuesta que ofrece mi corazón.

Y ruego por intercesión de San Vicente Pallotti, que envíe sobre todos nosotros, sobre mi y sobre ti, todo cuanto necesites para poder dar respuesta al amor que Dios te ofrece.

Este quiere ser mi homenaje a San Vicente Pallotti, quien ya inserto en el Cuerpo de Cristo, el amor de sus amores, disfruta del Infinito Amor Infinito del Padre.

Que Dios Espíritu Santo nos provea de su fuerza y capacidad para ser capaces de multiplicar nuestros dones y carismas puestos por Él en cada uno, para multiplicarse en frutos que nuestras vides secas capaces de dar frutos nuevos, por él son capaces de dar renuevos.

Y así como en San Vicente, no él, sino Cristo en él, me ha llevado al encuentro de ese Dios enamorado de su criatura por la que fue capaz de vivir entre nosotros, sufrir con nosotros, alegrarse junto a nosotros, y enseñarnos al Verdadero Reino del Padre. al Verdadero Amor del Padre.


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