GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

30 ene. 2012

VIOLENCIA DOMÉSTICA

Violencia doméstica

¿Cuántas personas viven "violencia doméstica"?

Muchas, muchísimas, demasiadas.

Cuando surge la violencia doméstica, quiere decir, la violencia que se genera dentro del propio hogar, hay que poder detenerse a analizar cuáles son las raíces profundas.

El alcoholismo, la droga, la falta de trabajo, la frustración personal que se deriva como en un espejo al otro, la no escucha verdadera (sino la propia escucha, que se convierte en monólogo), son muchas las raíces, pero la inmensa mayoría provienen de lo que no se busca: "la falta de amor".

En la base, en la raíz de todo este maltrato, está la falta de amor.

Aún cuando creemos que sentimos amor, en realidad estamos confundiendo "necesidad de ..."con amor. Y si bien como seres humanos, la necesidad de sentirnos amados es fundamental, confundimos amar con necesidad de que nos suplan carencias.

Nuestras carencias tienen raíces profundas en nuestro ser. Nacen de familias disueltas, de familias donde los valores de respeto al otro como ser humano independiente de nosotros tiene, de querer imponer nuestros pensamientos y valores, de la falta de conducción temprana dentro de esos valores, del aprendizaje desde muy pequeños de que "la manipulación" es una forma hasta inconsciente de obtener lo que queremos. En fin de un sin fin de circunstancias.

Pero así como el alcoholismo, la droga son una enfermedad, la "violencia doméstica" también lo es. Sólo que en un punto tenemos que estar dispuestos a enfrentarla. 


No está sólo en el otro, también está en nosotros.


Asumirnos partícipes de esa enfermedad, es dar un paso hacia la salida.


Cristo nos quiere sanos, libres, recuperadas nuestras fuerzas para amar.


Y podemos lograrlo. Podemos si nos enfrentamos a nosotros mismos y a nosotros nos decimos: ¡Basta! ha terminado.


Voy a buscar su ayuda.
Voy a buscar su palabra.
Voy a buscar su fuerza.


En Él voy a confiar mi soledad, mi frustración, mi angustia, mi desesperación, mi intolerancia, mi dolor, mi necesidad de amor.


Buscar su ayuda primero es la solución.
Sólo Él podrá guiarnos hasta la salida.
Nos guiará por un camino seguro.
Nos apoyará en las vueltas atrás.

La violencia doméstica no se cura sólo con psicólogos, medicamentos, psiquiátras o grupos anónimos que nos sirven de sustento, sin experimentar el infinito amor de Dios, la salida es sólo pasajera, momentánea. Él es quién nos cura el alma. 


Sí vamos hacia Él y hablamos con Él, todo lo demás dará el verdadero sostenimiento para no dar marcha atrás.


Como partícipes de la sociedad todos debemos comprometernos con Él, ser solidarios con el que vive esta experiencia de traumas, buscar no sólo el apoyo de la escucha que es sin lugar a dudas absolutamente necesario, sino, generar hogares, trabajo y asistencia permanente a quién la padece, a quienes la padecen, para que se convierta en una verdadera salida.


El amor de Él se expresa también a través de nosotros.
Su infinita misericordia se da también a través de nosotros.
Cuenta con nosotros.
Nos hace responsables como ciudadanos, partícipes como hermanos.


Para el que cree como para el que no, la salida depende también de nosotros, del amor que podamos ser capaces de brindar en ideas, actos y construcciones de salida.


Sólo te pido que si estás atravesando por una situación de "violencia doméstica" no lo dejes pasar. El final es la muerte. La tuya, la de tus seres queridos y la del que la ejerce.


Busca ya la puerta.
Estamos para darte respuestas.
Y El amor que Cristo nos da, nos da la fuerza para ser partícipes de esa salida.
No la dejes pasar.
No creas que eres merecedora de ella.
Nadie merece vivir violencia de cualquier clase.
Nadie se busca esa violencia.
Sólo se participa de ella.
La salida existe y es una realidad.
Aún cuando cueste dejar atrás lo que la ocasiona.
Aún cuando signifique que dejas atrás lo que crees es amor.


El amor no castiga.
El amor no lastima.
El amor no mata.


El amor comprende las diferencias y las respeta.
El amor construye una vida sólida y sin rajaduras.
El amor hace consciente a aquél que no puede ver.
El amor es solidario, capaz de entrega y sacrificios.


Pero jamás el amor pide sacrificios que sean aceptación de violencia.
Jamás pide sacrificios de manipulación y permanencia.


Debemos saber, que nosotros no podemos curar al que ejerce la violencia.
Y no hay juez que pare al que es violento.
Sólo el alejamiento de esa violencia, puede hacer la diferencia.


No te demores más en ella.
Rescata lo que te ha sido dado: Dignidad de ser valorada como persona.
Recurre a la ayuda que Dios pone en tu camino.
No reunas tus pertenencias, si es necesario déjalas atrás.
Busca remediar la enfermedad en la que te has sumido y que tu sí  puedes alcanzar.


Y cuando las fuerzas te flaqueen, recurre de inmediato a pedir Su Fortaleza.
Él responderá inmediatamente.
Y en ese mismo momento vete.





No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Todos tus comentarios son bienvenidos, las opiniones más divergentes expuestas con respeto siempre pueden encontrar un común enriquecimiento.