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7 feb. 2012

EL DIOS DEL AMOR Y LA MISERICORDIA, EL PADRE DE JESÚS

La adoración de los pastores

Pintura del Maestro Caravaggio


Continuando con mi vivencia de Dios, del Dios de Jesús, del Padre de Jesús, de mi Dios y del Dios verdadero, quiero transmitir mi más profunda vivencia de Él.

A lo largo de la historia, nos han enseñado, y no descarto la buena voluntad de quienes así lo han hecho, un Dios Padre que no se compadece con el Dios que Jesús nos enseña a descubrir y a amar.

En el ser humano, y en todos, y hablando en primera persona en mi, coexisten tanto la bondad de Dios, el Amor de Dios, Dios mismo, como nuestra propia naturaleza humana.

Dentro de nuestra naturaleza existe tanto la capacidad de obrar el bien, como la de dejar de hacerlo o bien directamente de voluntariamente hacer daño, lastimar, ejercer entonces el "mal".

Somos criaturas de Dios, creados por Él, pero no perfectos. Sólo dispuestos nuestros corazones ha dirigirse hacia Él y por eso al bien. Y es así, porque Dios al crearnos nos otorgó un maravilloso don: El Libre Albedrío. Y la capacidad de co-crear junto con Él.

En este Don que Dios nos dio de tener la capacidad de elegir o sea de accionar nuestro libre albedrío, Dios nos llama y nos busca para ir a su encuentro, eligiendo así, ser partícipes del Bien mayor, para por nuestro intermedio podamos obrarlo.

Pero aún así nosotros creamos estar obrando "el bien", y de hecho lo hagamos, nunca será comparable con ese Bien que es cualidad perfecta en Dios.

Mientras Dios no es limitado, nosotros sí. Nosotros tenemos dentro nuestro algo que le pertenece a él. Que es Él dentro nuestro. Pero no somos Dios. Somos parte cada uno de nosotros de Dios. Y aún todos reunidos en Él, tampoco alcanzamos a ser "Dios", seguiremos formando parte de Dios, y Él aún seguirá siendo aún más, no pudiendo nuestra mente y nuestra razón abarcar la totalidad de Dios.

Dios al no hacernos " perfectos" nos regaló la capacidad de elegir, de junto con Él ir perfeccionando su obra iniciada en nosotros en nuestro nacimiento. Que alcanzará la plenitud y no la perfección, en el momento de pasar de la muerte al encuentro con Cristo, quien nos completará y naceremos Personas Plenas y esa será nuestra Resurrección.

Dios no es un Dios que creó un "circo" o una "obra de teatro" con guión que tiene principio, desarrollo y final programados. Dios hizo la creación derramándose en ella y nos puso en medio de ella. Nos dio la libertad y la capacidad de amar, y también la potestad de apartarnos de él, como el hijo pródigo, pero hasta sus últimas consecuencias, incluso llevar ese No que es elección hasta la negación rotunda de aceptarlo como nuestro creador.

Este acto creacional de parte de Dios, no puede al interferir en nuestras decisiones, convertirnos en "marionetas" o en "actores con respuestas programadas por él como guionista".

La libertad es un don verdadero para que lo ejerzamos. Para que lo obremos. Sin pautas programadas como si fuéramos robots que están al servicio de por ejemplo una figura actualmente muy conocida por todos a través de la TV: "El gran Hermano". Si así fuera, Dios no sería como lo define Juan en su Evangelio diciendo " Dios es amor", y no: el Amor es Dios, que sería indicar un atributo. En la expresión de Juan "Dios es amor", habla de la esencia y naturaleza de Dios. Dios es el TODO AMOR. El Todo Bien, Todo Dios es AMOR.

No niego la oscuridad, por el contrario se de su existencia. Nuestra naturaleza participa de ambas. de la Divinidad de Dios y de la oscuridad que es consecuencia de nuestro diario negar y vivir apartados del que nos creó. Las tinieblas existen y habitamos en medio de ellas. Sin embargo, Dios en su infinito amor que es su esencia, quiso ingresar y participar de nuestra vida, darle un sentido nuevo, llevarla hacia la Plenitud de la misma. Encarnando en Jesús, el verbo que existía como expresa Juan : <<" En el principio era el Verbo (La Palabra), y el Verbo estaba ante Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba ante Dios en el principio.">> tomo carne humana e ingresó a la humanidad, para ser como uno de nosotros.

Este Dios que es Amor, y no una frase hecha de la nueva era, sino Verdadero Amor, por amor nos eligió, por amor nos creó, por amor nos entregó dones y carismas para que junto a ´Él terminaramos de construir su mayor sueño, ser amado como el Padre que es por la libre elección del corazón de su criatura creada en la más absoluta libertad. Sin imposición de su divinidad.

Cada día, cada uno de nosotros se aparta de ese Amor de Dios, y hasta incluso lo niega y rechaza.

Mas, Dios nos creó, y conoce a su criatura. Nos conoce, conoce que tenemos limitaciones. Y que en esas limitaciones, va incluido también el rechazo y la negación y el apartamiento de su amor. Y así, queriéndose dar a conocer dentro de las posibilidades humanas, Dios tomó carne y encarnó en Jesús. Y Jesús que es Dios mismo, vino a nosotros despojándose de esa Divinidad que le pertenece por esencia, y tomando carne humana, vivió como humano, plenamente humano entre nosotros. Tuvo como nosotros que recorrer un camino, aprender a descubrir su vocación y la misión a la que había sido llamado, sufrió junto a nosotros nuestra falta de libertad, sufrió el dolor del rechazo, de la negación, de la obnubilación de nuestros corazones. Y también vivió la felicidad de esta misma humanidad que abrió su corazón y reconoció a su creador, al Padre, en su esencia, en su Amor, en la que por medio de sí mismo entregaba.

Decía un momento antes que Dios conoce nuestras limitaciones y nos deja actuar a través de ellas. Sabe de nuestras carencias e imperfecciones. Y así como somos, por ser creados con todas las potencias pero también con limitaciones por ser humanos, Dios nos ama tanto, que viene a nosotros permanentemente a iluminarnos con su LUZ, cuál es el camino para alcanzar  la Vida plena, la plenitud del amor.

Ahora la pregunta que en un momento me surgió es: ¿Cuál es el misterio por el que Dios no nos hizo completos al crearnos?. Y  la respuesta nace de mi corazón unida a mi razón: porque nos ama. Quiere que esta criatura que somos conozcamos cuanto nos ama. Si fuéramos creados completos, fácil sería amarle, e imposible rechazarle. No seríamos otra cosa que simples marionetas que juegan el juego de una existencia donde sólo existe una posibilidad: obligados a aceptarle porque no cabría en nosotros la condición de libertad otorgada por el don del Libre albedrío.

Y es en nuestras limitaciones, con nuestros defectos, errores, con nuestros ir y venir, aceptándolo y rechazándole y volviendo a buscarle que vemos  el Amor más sublime que podamos vivir y conocer. Él nos ama tal y como somos, y siempre nos sale al encuentro como faro que guía con su luz el camino más corto para alcanzar la vivencia dentro de su amor. Esto no implica no sufrir. Es condición necesaria, ya que como espinas que llevamos clavadas por nuestros propios ir y venir, padecemos a fin de aprender a amar más y mejor.

Tan grande es su amor, que alcanza para que intervenga en nuestras vidas, con toda la plenitud que le permitimos ejercer en nosotros y a través de nosotros, que podamos reconocer nuestras limitaciones, nuestra fragilidad, nuestra falta de vivir en su amor, e intentemos a pesar de caernos una y otra vez, dejarnos amar por Él y elegir amarle al vivir la experiencia cotidiana de su amor en nuestras vidas.

Ésto vino a traernos Jesús, esto vino a enseñarnos Jesús, al Verdadero Dios Padre, Al Verdadero Dios su Padre, no al de los fariseos y tampoco al de los escribas, ni al del pueblo judío, sino al Dios cuya naturaleza es SER PURO AMOR.

Al Dios incluyente, no excluyente. Al Dios que tiene sus brazos permanentemente y hasta la eternidad abiertos para recibirnos cuando decidamos volvernos hacia Él como en la parábola del Hijo Pródigo y como también quiere mostrar el maestro Caravaggio en esta pintura. Mirando a Jesús niño conocemos al Padre, el Amor del Padre, y mirando hacia Dios Padre conocemos al Hijo, el Amor del Hijo. Y no a un amor frágil, como podemos presuponer por haber encarnado en un niño, sino en un amor cuya fuerza levanta y resucita, hace vencer la muerte y la convierte en vida plena.

El Amor que Es Dios, se deja encontrar por nosotros. Por cada uno de todos nosotros. Nosotros excluimos de nuestras vidas y aún así su amor es tan infinito y es tanta su misericordia, que para llegar a gozar de su amor, el primero tal vez sea el último, y el último sin saberlo sea el primero.

Y esto, porque cuando vivimos y creemos que estamos obrando "el bien" y decimos de nosotros pero yo "jamás hago daño", "soy buena persona", "hago bien, siempre ayudo a los demás", " estoy conforme conmigo mismo", nos colocamos como los que creyéndose justos enjuiciaban a Job y luego frente a Jesús, se creían por sus obras realizadas que consideraban "buenas obras", salvados; mientras que con esta actitud y este pensamiento, estaban juzgando y mirando la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Todos incluso aquellos que hacen un "gran bien por el prójimo al servicio de dejar obrar a Dios" también participan de limitaciones. Y lo más maravilloso de todo, es que lo que Dios toma en cuenta es el esfuerzo que a través de nuestras limitaciones y con ellas hacemos para llegar a vivir su amor y dejar que ese amor que le es propio y no nuestro obre en toda su creación.
Este es el Dios que Jesús vino a dar a conocer. A su verdadero Padre.

Y aún así, sabiendo de nuestras imperfecciones, limitaciones y pecados, la "salvación nos llega" por la palabra de Jesús: Hijo ve, levántate, tu fe te ha salvado. Tu fe. Y es esta fe la que nos da la certeza del amor de Dios y por ella es que somos capaces de levantarnos y ser capaces de dar testimonio de su amor.

Muchos hay que transmiten un Dios que aún no han conocido. Sí, me atrevo a decirlo. Se han quedado con la palabra de la Ley , pero la palabra no tiene el poder de la Vida. Dios es quien es dueño de la Vida, Y Jesús es la Vida. La letra escrita, en sí misma es letra muerta. El mensaje que oculta, es lo que es el Dios Vivo que anhela ser descubierto.

Y Dios nos ama y nos salva, porque, siendo Él quien nos creó, conoce perfectamente a su criatura y sabe que falta todo un proceso que deberá transitar para alcanzar la Plenitud del Ser Persona Plena valga la redundancia.

No es fácil vivir este proceso, ya que en el camino, debemos aprender a dejar preconceptos muy arraigados acerca de Quien es Dios, Que espera Dios, Quienes somos nosotros, aprender a dejarnos amar por Dios, hacer nuestra el dejar en sus manos nuestra vida, y creo yo que no querer pretender que podemos en alguna forma saber todo acerca de Dios.

Dios siempre será un eterno y maravilloso Misterio.

Y estoy convencida que si desde dentro de la propia iglesia en la que profeso mi fe, la iglesia Católica, no enseña lo primero,  EL AMOR DE DIOS y llega a los corazones para que puedan vivirlo, el don de la fe que nos fue dado por Dios no se multiplicará. Porque por temor no se llega al amor. Sólo quién conoce el amor puede llevar amor. Y el amor no causa ni provoca ni promueve temor.

Luego podremos a través de la Catequesis y los estudios bíblicos y teológicos profundizar nuestra fe, y alcanzar el camino de nuestra vocación que es como bautizados, asumir la fuerza de que es capaz ese amor y ser testimonio de lo que vivimos para todos, sólo así todos podrán conocer a Cristo y por el al Padre y al Verdadero Dios.

Si la verdadera fe en Cristo cada día se pierde en un consumismo de miles de falsos profetas, es porque el Verdadero Amor del Padre no nos es transmitido, y si el temor que nos inspiran palabras como Infierno, Purgatorio, mientras nos esclavizan y no liberan. Esperando en lo imposible alcanzar "el cielo".

Dios se ha manifestado. Su Esencia se ha manifestado. Su Naturaleza se ha manifestado. ¿Cuánto más grande puede ser el amor que nos ha mostrado, que haber vivido a Jesús hasta entregar su vida por ese infinito Amor del Padre hacia nosotros?

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