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23 feb. 2012

EL SILENCIO DE LOS QUE SUFREN

Jesús Resucitado se aparece a María Magdalena

Pintura del maestro Tiziano

El silencio de los que sufren

Desde que comencé a tomar conciencia del dolor ajeno, del dolor de los demás, del dolor de los seres humanos, del dolor de las criaturas de Dios, seres humanos, animales, creación toda, comencé a sentir cómo se expresaba ese dolor.

Era un dolor muy parecido al dolor y la angustia vividos por Cristo. En silencio. Sin ser mostrado, más allá de lo que su apariencia  material y física pueden mostrar.

No es raro que "ese dolor sordo y silencioso" se me haga tan presente ahora. Desde el comienzo mismo de la Cuaresma, desde el Miércoles de Ceniza, ese dolor se ha ido intensificando. Dios Espíritu Santo se hace más patente y vamos a un "desierto de 40 días", dónde sólo podemos ver la inmensidad de Dios y nuestra pequeñez.

Se ha ido plasmando en la realidad de la vivencia de los que sufren.

De los que sufren de verdad.

Me refiero a los que nada tienen. A los que son abandonados por nosotros a la miseria, al hambre, a la sed, a la violencia de las guerras, a ver morir a sus hijos sin poder protegerlos, hacinados en las fronteras, o perseguidos y llevados a la muerte por su sentimiento religioso, o su lucha por los valores trascendentes. A aquellos que no miramos. 

Y a los que  levantan la voz y piden: <<misericordia>>.

Los animales y la propia tierra que padece de la destrucción y la muerte incruenta llevada por nuestra ambición de más y más y más de algo que nunca nos es suficiente.

Y vuelvo a experimentar ese dolor sordo y silencioso de los que sufren la impiedad.

Y miro hacia la Cruz y siento: sólo Tú Señor puedes mover nuestras almas, sólo tú Señor durante este desierto puedes abrirnos los ojos, sólo tú Señor puedes cambiar nuestros corazones. Sólo tu inmenso amor puede hacer esto posible. 

Miro la pintura del maestro Tiziano y me digo: ¡Todo es posible para Dios!

Y entonces vuelve a surgir una voz dentro mío que me dice: << necesito tu confianza>>, <<necesito que te dejes amar por mi>>, <<necesito que mires en ese dolor sordo y silencioso, cuanto amor hay en todas esas criaturas>>, <<necesito tu fe en mi>>.

Y vuelvo a mirar la pintura y me refugio en esa entrega de quién amando a pesar de su debilidad como María Magdalena siendo humana podía amar, creyó a Jesús y pudo abrir sus ojos y ver que la Salvación estaba frente a ella. Jesús había resucitado. El amor estaba incrustado definitivamente a nuestras vidas.

Entonces miro hacia el dolor sordo y silencioso que tantos viven, y creo. Creo a Jesús y en su amor que se expresa, creo que mi corazón puede ser modificado. Puede sentir y levantarse siendo en mi propia pequeñez, el amor que Cristo quiere entregar a todos. 

Nuevamente escucho dentro mío: ¿Cuánto puedes hacer, si Yo soy tu fuerza, tu valor, tu entrega, tu amor? 
Yo soy tu fuente. Ve y llévala dentro tuyo y repárteme, entrégame. No permanezcas en silencio, callando, siendo cómplice de la avaricia, de la expresión del mal que todo consume y nada puede dar.

<< Se mi voz, mis manos, mis brazos, mis pies; déjate mover por mi amor>> No mires lo que no has hecho, mira lo que harás. Tu pasado me lo has entregado ya, tu presente es lo que me puedes dar y yo seré tu futuro y a través tuyo a los demás.>>

<<Muévete conmigo, y Yo seré el refugio de todos los que sufren; seré la salud, el amor, la caridad, su lugar donde reposar, su comida, su renacimiento. Seré su Resurrección.>>

<< Si crees en mi, crees a mi Padre>> 

<< Muestra mi amor en ti, levántate y expresa que tan cierta es la Salvación del que cree en mi amor>>

Y al final de este diálogo, vuelvo a mirar ese dolor sordo y silencioso y explota en mi la confianza de saber que sólo basta con dejarnos mover por ese amor infinito y misericordioso del Padre que se hizo permanente en Cristo.

Que Dios nos ayude con su Espíritu Santo, a dejarnos mover por su amor. Experimentar nuestra confianza a Él y llevar su misericordia a los que sufren en silencio, como el sufrió en el Calvario y en la Cruz.

Porque después de todo, la Resurrección es la verdad.

Y en su amor: PODEMOS!

Él será entonces el pan que se reparte, el pez que se come, el socorre del que sufre, la almohada donde reposar, la tierra donde afincarse, el Todo para todos. 



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