GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

25 feb. 2012

VENID, HIJOS, OÍDME, LLAMADO DE LA VIRGEN MARÍA

Llamado de la Virgen a sus hijos
<<Venid, hijos, oídme>>

Primera parte

Finalmente, si los piadosos católicos, respetuosos devotos de nuestra protectora María, quisieran que, para conmoverse eficazmente, les hablase tan tierna Madre corredentora delas almas ¿ de qué otro modo hablaría, si no así; y seguramente con más energía y eficacía?

<< Venid, hijos, oídme>>  (Salmo 22,12)

Recordad, oh hijos, que el precepto de la caridad obliga a todos a procurar tanto la salvación eterna  como la del prójimo. Y mi Hijo Jesús ya dijo: << Este es el mandamiento mió: que os améis los unos a los otros como yo os he amado>> (Jn 15,12).

Con estas palabras ha querido dar a entender que cada uno haga al menos cuanto pueda para la salvación eterna de su prójimo.

Ahora bien, quién tendrá el valor para rehusar esto poco, si recuerda que Jesucristo con amor infinito se ha humillado por vosotros en el misterio de la encarnación; por vosotros ha nacido pobre en los padecimientos de un establo; por vosotros ha nacido pobre en los padecimientos de un establo; por vosotros ha ido y vivido fugitivo en Egipto; por vosotros ha ido y vivido fugitivo en Egipto; por vosotros ha trabajado en un taller hasta la edad de 30 años; por vosotros ha ayunado en un desierto, se ha hecho bautizar entre la turba de los pecadores en el Jordán; tras persecuciones, calumnias y padecimientos, ha predicado durante tres años, ha orado, ha sudado sangre, ha agonizado en Getsemaní; y después, a causa vuestra, fue entregado por Judas, negado por Pedro, abandonado por todos los Apóstoles, encarcelado, llevado de un tribunal al otro, en un mar de injurias, de golpes, desprecios, maldiciones, blasfemias, flagelación bárbaramente, coronado de espinas, condenado a muerte, crucificado entre dos ladrones; y, después de las angustias dolorosísimas de tres horas de agonía, murió en la cruz por vosotros.

Pensad, oh hijos, que todo esto y mucho más que vosotros sabéis, lo ha hecho por vosotros mi Hijo, aunque él era el Unigénito del eterno y divino Padre, viva imagen de la substancia del Padre, infinito, eterno, inmenso, incomprensible.

Y vosotros, a la luz de tales verdades, ¿cómo podréis tener valor de rehusaros a hacer cuanto podéis, de cualquier modo posible, para procurar la salvación de las almas, con la multiplicación de medios necesarios y oportunos para la propagación de la fe en todo el mundo?

Recordad, que mi divino Hijo en el reino de la gloria os premiará por cada pensamiento, palabras, obras y por cada cosa pequeña que hayáis empeñado por la propagación de la fe. Más áun, si por tal fin hacéis lo que podéis de cualquier modo posible, os coronará para toda la eternidad con la corona de gloria de su apostolado. Yo no tuve el ministerio de predicar, sin embargo, el Altísimo me ha ensalzado a la dignidad de  Reina de los Apóstoles, porque con su gracia me empleó para la propagación de la fe.

Advertid, oh hijos, que si los santos que hay en el cielo pudiesen volver a la tierra -encendidos de amor por dar a conocer a todo el mundo el amor infinito por las almas, a mi Hijo Jesús sobre todo, a costa de encontrar innumerables y sumos tormentos-, se ocuparían incansablemente de procurar la propagación de la fe en todo el mundo. Ya que, mucho más que cada uno que vive sobre la tierra [los santos] conocen cuán digno de ser conocido el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Pues, están suavemente arrebatados viendo con cuanta gloria es premiada en el cielo cualquier obra, también la más pequeña que se haga por la propagación de la fe. Puesto que las obras dirigidas a la propagación de la fe en Jesucristo, comprenden la comunicación y la propagación de todos los tesoros de la redención que Jesucristo ha procurado a su Iglesia con el derramamiento de su preciosísima sangre, lo cual no se encuentra en las demás obras, aunque sean buenas y religiosas.

Más aún, advertid, oh hijos, que si los infelices condenados pudiesen volver a la tierra, todos serían los más fervientes misioneros del mundo. Y entre todos se distinguirían aquellos que fueron más soberbios, más avaros, usureros, injustos, lujuriosos, adúlteros, sacrílegos. Y por encima de éstos, los más celosos serían aquellos que fueron los más ímpios y más crueles tiranos del cristianismo.

Continúa el llamado de la Virgen a sus hijos.
Es un tiempo de reflexión, dónde la Madre, tiene mucho para decir.

Texto tomado de Vicente Palloti "Escritos Seleccionados"

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