GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

3 abr. 2012

MARTES SANTO, SOMOS INVITADOS A LA MESA DEL SEÑOR

La última Cena

Pintura de El Grecco

Martes Santo, somos invitados del Señor a participar del Banquete

El Evangelio de hoy, nos dice que Jesús sentado a la mesa anuncia que uno de los que está junto a Él y participa con Él de la cena, lo entregará.

Los demás se preguntan entre ellos quién será ese, y en cada uno de ellos se da la pregunta: ¿seré yo?, ¿seré yo quién lo entregue? Pregunta con estupor, pero que dice de aquél que se pregunta, del propio reconocimiento de su fragilidad, reconociéndose ser humano y débil, se cuestiona así mismo. No acusa a otros, se pregunta por sí mismo: ¿seré yo?

Dice el pasaje bíblico: "Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos - el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: << Pregúntale a quién se refiere.>> 

Cuando leo este versículo del Evangelio de San Juan, donde el evangelista hace referencia al "discípulo al que Jesús amaba" surge en mi la pregunta: ¿Qué de diferente tenía Juan frente a los demás, para que los evangelistas hagan referencia a este amor dispensado especialmente en uno de los apóstoles?

Juan. Me llevó a buscar nuevamente a través del nombre y no sólo de la persona real que existió y fue discípulo y apóstol del Señor, siguiéndole hasta las últimas consecuencias, y permaneciendo a los pies de la Cruz durante su cruxificción.

Juan significa: El Señor es misericordioso.

Aquí toma para mi sentido las palabras de los Evangelios al decir que Juan era el discípulo más amado, o al que Jesús amaba.  En Juan, está presente: "El Señor es misericordioso".

Es un recordatorio permanente del amor de Dios y de su misericordia.

Aquí, Pedro recurre a Juan (El Señor es misericordioso) para que interceda ante Jesús y pregunté cuál de ellos será el que entregue a Jesús.

Y si bien la respuesta por parte de Jesús no se deja esperar, mi corazón me dice que siendo Juan (El Señor es misericordioso), el que pregunta, el evangelista quiere dejar presente una vez más y sobre todo en esta ocasión que siempre la misericordia del Señor actúa y esta presente, aún en aquellos que como Judas lo entregamos una y otra vez; también en Pedro a quién luego de haber dicho que seguiría a Jesús, Jesús le dice que hasta la muerte en ese momento de su vida no le seguirá. Lo habrá de negar tres veces antes de que cante el gallo.

Si recordamos que Judas tiene por significado (el que ha reconocido a Dios) y sin embargo es capaz de entregarlo por los bienes y valores del mundo, por su ambición, codicia y en definitiva porque en realidad si bien lo ha reconocido a Dios, el mundo lo atrapa; si Pedro aún habiendo sido elegido por el Señor de entre sus discípulos para ser "la piedra donde Él fundará su Iglesia, dónde el amor humano de Pedro hacia su Señor es indiscutible, pero no deja de ser humano y por tanto cae en flaquezas, hasta ser capaz de por miedo, temor, negarle tres veces, y Juan (El Señor es misericordioso), Todos allí en cada uno de ellos con todas nuestras impotencias, nuestros fracasos, nuestras entregas como Judas y negaciones como Pedro, recibimos de Dios a través de Jesús (El que Salva), la misericordia del Señor.

Todos hemos sido llamados a participar de la mesa del Señor, a participar de su misericordia. Y Judas cegado por el mundo y queriendo se cumpla lo que él esperaba, decide ir y entregar al Dios de la misericordia. Lo conoce porque estuvo siempre cerca de él, pero no su corazón. Sino su mente, sus búsquedas personales, por eso lo vende. Vende al que nunca llegó a conocer a pesar de decirse su discípulo y haber estado cerca.

Así, el Evangelio me dice a mi: que soy llamada a compartir la mesa del Señor, no sólo en la Mesa del Banquete eterno, donde la Plenitud me alcance; sino, en la del adelanto de su Pasión. También a mi me toca vivir mi cuota parte de esa pasión. Y en él tratar de dejar de ser el habiéndole reconocido, se aleja y lo vende, quedándome con las palabras del mundo y entregarme a Jesús, aceptando la misericordia que me ofrece. Regalándome en su infinito amor, la misericordia de la salvación que a pesar de saber que lo habré de negar, el pagará el precio por mi, y me re-unirá con Dios en Él.

¡Gracias!; Clama mi alma, porque a pesar de también negarte como Pedro, me llamas por mi nombre a compartir la mesa de la salvación.

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