GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

17 jun. 2012

¿LAS REDES SOCIALES NOS ACERCAN O ALEJAN?

¿Qué nos sucede?

En un mundo que partimos de lo estrecho de nuestros pequeños mundos, Internet a permitido ensancharnos, hasta el punto de que lo que sucede en las antípodas de nuestros países, de nuestras ciudades y de nuestros barrios nos afecta directamente. Ya no podemos vivir en una burbuja personal e individual. Ya no podemos obviar lo que más allá de nuestras narices está sucediendo. Este mundo que antes era pequeñito se ha vuelto inmenso. Ya no somos sólo los que habitamos un determinado país, sino un mundo entero. Nos hemos convertido en una gigante humanidad.

Esta humanidad en que nos hemos vistos inmersos nos involucra a todos en lo particular. Lo que afecta a un ser humano en India nos afecta aquí en Uruguay; lo que afecta a un ser humano en Pakistán nos afecta aquí en Uruguay; lo que afecta a un ser humano en China nos afecta aquí en Uruguay y así todo lo que afecta en cualquier lugar del planeta ya nos afecta directamente a cada uno y al contrario.

Internet se ha vuelto, el camino que acerca o aleja. Nos acerca en la medida que podamos utilizar ese camino "virtual", cibernético, hacia la apertura a los demás. Hacia el diálogo y el entendimiento. Hacia la cercanía de aquél del que nada conocíamos a un ser que día a día podemos conocer más a profundidad: en sus intereses, en sus preocupaciones, en sus anhelos, en sus sufrimientos. Nos acerca a poder experimentar que no interesamos sólo nosotros y nuestras propias necesidades.

Pero también, Internet es el arma más poderosa contra el propio ser humano. Lo convierte en una isla. Tan pequeña como su propia humanidad gracias a un individualismo cada día más acendrado. Las redes sociales nos muestran estos intereses contrapuestos: integración versus encerramiento. Y el hombre, no todos, pero sí una gran parte de la humanidad vive a través de Internet un mundo separado, donde se vuelve "humanidad en el desierto", en la soledad de su propio pensamiento y existir.

Así vemos que los diálogos en Internet y las redes sociales son verdaderos monólogos egocentristas radicadas en su propio ser, basadas en su propio pensamiento. No hay interacción. No hay apertura. No hay un interés más allá del propio interés particular y a lo sumo un interés mediático de los sucesos del mundo.

Esto provoca que teniendo un "mar rojo" donde pasar sin ser aplastados por las grandes olas se convierta en un profundo mar de arena que nos ahoga con sus ventiscas.

Es una gran torre de Babel. Cada uno habla su propio lenguaje y no busca entender el del otro. No busca acercarse sino sólo aquél con el que comparte momentáneamente un pensamiento o ideo, una situación o un suceso que repite una y otra vez y que toma de otros, no lee, no busca interpretar ni hacer suyo.

El mundo que vivimos se ha vuelto hostil por imperio de nuestro propio egocentrismo. Nos hemos vuelto "como dioses", donde la primacía la tiene nuestra corta "verdad". No hay intercambio que nutra las diferencias, que permita enriquecernos de lo diferente, que construye el camino del diálogo y por ese camino:  la paz.

Las libertades en lugar de profundizarse comienzan a ahogar. Miles de leyes de los países instrumentadas desde sus gobiernos y avaladas por sus ciudadanos que "callan" y por eso "otorgan" nos hacen responsables de un mundo cada día más ensimismado en sí mismo. Un mundo de arrogantes y soberbios. Un mundo que paraliza la creatividad, el pensamiento libre, la construcción de un mundo sin barreras ideológicas que separen a los unos de los otros generando los bandos de buenos y malos.

Podemos hacer lo contrario, salir de nosotros mismos y comenzar a oír, leer, hablar sin insultar, sin menospreciar, sin denostar, sin pasar por alto lo que desde el otro que es un igual a mi puede enriquecerme, modificarme, hacerme mejor persona.

Es nuestra la elección. Es nuestra la decisión. O vivir en la soledad de nuestra propia persona que se refleja en su propio espejo y se contesta así misma o comenzar a salir de esa caparazón que día a día se convierte en muro y separa, y en nada ayuda a construir un mundo mejor.

¿Qué mundo queremos dejar a otros que vienen detrás?
Ésta es la gran pregunta.

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