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15 jul. 2012

El MATRIMONIO GAY

REFLEXIONES: EL MATRIMONIO GAY

En primer lugar quiero dejar expresada mi opinión acerca de la "diversidad de género" y el estado "gay".
No soy homofóbica lo que además me lleva a no ser segregacionista en ningún aspecto de la vida.

Hoy se pone sobre el tapete la consagración de un derecho: El reconocimiento de la diversidad de género y el matrimonio igualitario.

Como integrantes de una sociedad no podemos desconocer que la "diversidad de género" existe y es real. Y como seres humanos les asiste la libertad de expresarse tal y como sienten y ver consagrados esos derechos a los que todos accedemos por ser el derecho a la libertad de expresión un derecho inalienable.

Sin embargo creo que hay que tomar en cuenta que la llamada "diversidad de género" nos lleva a plantearnos, a todos, como seres humanos ¿qué significa?,¿cuáles han de ser sus derechos?, ¿qué alcance puede tomar?

Cómo ser humano no puedo dejar de reconocer que existe en la sociedad esta realidad. Y que cómo tal sus derechos deben estar garantizados. Respecto de su alcance, allí, cabe la posibilidad de preguntarse: ¿es la postura de la Iglesia, la Católica, a la que pertenezco, una actitud segregacionista, homofóbica? 

Entendamos primero que significado tiene el ser humano para la Iglesia.

Dios crea la humanidad en dos géneros distintos y complementarios: varón y mujer. Los crea distintos para que en cada uno se manifieste la capacidad co-creadora que es semejanza con Él. Unidos: hombre y mujer son capaces de gestar esta capacidad co-creadora de Dios. Dios para los creyentes es el Señor de la Vida, por tanto, al crearnos como especie a la humanidad le otorgó como también a las diferentes especies que pueblan la creación, la capacidad de ser co-creadores junto a él. La diferencia en el ser humano, es que Dios al hacerlo a su imagen y semejanza concede al hombre y a la mujer, que unidos en la diversidad, puedan gestar un otro con la misma condición de ser partícipes de ese ser creados a imagen y semejanza con el Creador.

Siendo la única creación de Dios: el ser humano con esta condición de imagen y semejanza con Él tiene la posibilidad consciente y volitiva (que no la tiene la especie animal) de trascendiéndose así mismos alcanzar esta imagen y semejanza en su carácter más perfecto.

Hombre y mujer fueron creados para otorgar nueva vida, en el sentido estricto y en el más amplio. Así la Iglesia tiene la responsabilidad de que al unir en Matrimonio Sacramental, re-una a dos que puedan generar esa nueva vida capaz de manifestar esa "imagen y semejanza con Dios".

En lo que ha dado en llamarse "diversidad de género" si se unieran en Matrimonio Sacramental  ¿estaría la Iglesia propiciando esta posibilidad de que dos diferentes creen uno con la capacidad de ser "Imagen y Semejanza de Dios"?, respuesta es no. Pero no un No irracional, sino, un No porque dos de igual género no pueden crear a un otro ser humano con la identidad de "Imagen y Semejanza".

¿Ha sido Dios el generador o gestador de que en cuerpo de mujer exista un alma masculina o viceversa?
No. Sin embargo existe en la diversidad de género, en su fundamento intrínseco, la no aceptación de su esencia constitutiva original: su propio sexo. Se separa de él. No se reconoce en él. ¿El por qué esto se genera así?, es muy discutible. La ciencia no ha podido determinarlo ni tampoco la Psiquiatría ni la Psicología. Lo que parece claro es que naciendo varón o mujer en la "diversidad de género" hay un elemento que impide que la persona se ubique y viva de acuerdo a su esencia natural, en la que fue creado, o nacido como varón o mujer. Sin hacer ningún tipo de cuestionamiento a su existencia, quién participa de la "diversidad de género" está escindido de su condición original porque simplemente está separado de ella.

Es en este entendido, desde mi decir el por qué dos de igual género no pueden unirse en Matrimonio Sacramental Eclesiástico. Siendo que es el único Sacramento en el que Dios participa porque los contrayentes así lo buscan.

El ser humano tiene derecho a ser reconocido como tal, tiene derechos vivir tal cuál es, tiene derecho a participar de los mismos derechos que son reconocidos en los Derechos Humanos. Pero su propio "libre albedrío" que le fue dado desde su gestación por Dios, conlleva no sólo derechos sino también esa misma libertad al momento de su autodeterminación le implica limitaciones.

A todos nos ocurre ésto. Si yo elijo amar a una mujer porque me siento "llevada a ello" se de antemano que salvo por medios científicos o de adopción, no voy a poder generar por mi misma junto a otro diferente de mi (varón) un ser nuevo con la misma potencia de ser "Imagen y Semejanza con Dios".

Y salvo por la intervención científica la humanidad dejaría de poder seguir recreándose y gestando nuevos seres humanos con igual potencialidad.

Luego el amor y no la perversión, sino el amor, el que puedan vivir dos iguales en género, no es algo que les pertenezca, sólo pueden vivirlo ya que el amor nos es entregado por Dios como Don y por tanto no nos pertenece.

¿Pueden entonces dos personas de igual "genero" amarse? Por supuesto que sí. Esto desde mi punto de vista ¿sería condenado por Dios? No lo creo. Ya que la experiencia del amor parte de haber recibido ese amor gratuitamente por Dios, su vivencia es la elección que cada uno de nosotros asume.

Y digo elección respecto de la vivencia del amor, porque a diferencia de lo que es el sentimiento, el amor es una elección que va más allá de la inmediatez del sentimiento que es efímero o puede serlo. Yo más allá de lo efímero del sentimiento que me produce el amor, en circunstancias difíciles o dolorosas puedo elegir seguir amando a pesar de. Mientras el sentimiento es tan finito como finito somos y tan limitado como limitados somos, el amor pertenencia de Dios, esencia de Dios no lo es. Así que frente a cualquier situación puedo volitivamente elegir amar más allá del dolor que se me haya provocado y reconstruirme dentro de él.

Ahora bien, desde el punto de vista de los Derechos Humanos y de nuestra propia Carta Magna, la Constitución, la que la sociedad en su conjunto ha reconocido como medio para la convivencia, ¿debe aceptar el "matrimonio gay" desde lo legal. Creo que sí. Es un derecho que nos da las mismas posibilidades de resguardo y potencialidad legislativa a todos. ¿Dos de igual género tendrían entonces el derecho de contraer matrimonio civil? Creo que sí. Esta es mi opinión como cristiana.

Desde el punto de vista de la Iglesia y no por fundamentalismos o viejas formas arcaicas de comprender el mensaje de Dios, no puede hacerlo. No puede consagrar algo que luego no se va a dar. 

El otro punto interesante en todo este tema tan difícil es si el matrimonio civil asumido por dos contrayentes de igual género debería llamarse o ser identificado de otro modo. Mi postura en esto es no. Si lo hiciéramos estaríamos segregando, separando, lesionando un derecho que se ha dado la sociedad. De hecho el nombre del instituto que posibilitaría la unión legal en matrimonio de dos de igual género no cambia la naturaleza del hecho. Por tanto, a pesar de que en su conformación la palabra matrimonio tiene inclusivo el hecho de la palabra "mater" no modifica sustancialmente el acto en sí.

Otra cosa muy distinta es la vivencia de la fe. Allí cuando asumimos la vivencia de la fe en una determinada colectividad religiosa, asumimos por vivencia y convicción al Dios que no nos creamos según nuestra Imagen y Semejanza, sino, al Dios que Es. Y desde este punto de vista adherimos a Él en todo lo que implica.

Dios condenaría la unión civil de dos de igual género que se aman, no lo creo.
Dios no condena, no es su naturaleza.
El hombre toma determinaciones a lo largo de su vida.
Y luego cuando llegue el momento de encontrarse post-muerte con ese Dios que nos aguarda para ingresarnos en la Plenitud de la vida, nos recibirá y sólo nosotros mismos veremos cuánto nos hemos acercado a Él o cuánto nos hemos alejado de Él en la capacidad de haber recibido ese amor de su parte y de haberlo entregado a todo cuanto nos rodea.

Si esto no fuera así, la heterosexualidad tendría garantizado por el solo hecho de serlo, de llegar a experimentar esa Vida en Plenitud sin mediar nada más que su condición heterosexual.

Y somos conscientes de que en la heterosexualidad, así como en la homosexualidad hay perversiones. 
Y éstas son las que deberían ser repudiables, porque éstas son las generadoras de grandes daños y gravísimas lesiones.

No es entonces la homosexualidad la condición básica de la perversión.
Sino, la perversión un acto de enfermedad o decisión en la esfera de la "transgresión" en éste último ejemplo, lo que hace la diferencia tanto entre homosexuales (hombres y mujeres) como en los heterosexuales. Y éstas son las aberraciones que deben ser encausadas por la sociedad en su conjunto. En ese contexto entonces, tanto para heterosexuales como para homosexuales la pregunta es: ¿La vivencia perversa de la sexualidad nos es permitida como sociedad en su conjunto? 

Volviendo al nudo de la legitimación del "matrimonio gay", desde mi humilde opinión como cristiana debería ser legitimado civilmente aunque debería aceptarse que dentro por lo menos de la Religión Católica no puedan contraer el Sacramento del Matrimonio.

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