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10 sept. 2012

¿HAY RESPUESTAS A LAS PÉRDIDAS POR MUERTE?

Cuando nos preguntamos: ¿Por qué?

En estos días a través del fallecimiento de Blanquita Vicuña, la hijita mayor de Pampita Ardohain y Benjamín Vicuña se ha puesto sobre el tapete el tema de la muerte, situación que sin embargo está siempre presente en nuestras vidas y en la vida de todos. La muerte forma parte de nosotros y de nuestra naturaleza: nacemos y morimos. El tiempo que transcurre entre un instante y el otro jamás lo sabemos. Sin embargo siempre esperamos ser los grandes, los mayores, los abuelos, los padres y nunca los hijos los que transitemos ese momento de despedida de la vida en la tierra a la que llamamos muerte.

A pesar de nuestro deseo, de nuestro pensamiento no hay un tiempo "justo" para vivir y otro para "morir", el tiempo para cada ser humano es distinto y es ese su tiempo. El dolor es vivido diferente según las culturas, ya que las hay donde "morir" es vivida como un paso de felicidad a otra circunstancia donde ya ese ser que se ama no transitará por más dolor o sufrimiento.

Son muchas las ocasiones en las que la pérdida de un ser amado, y más cuando se trata de un hijo en las que la pregunta que surge es ¿Por qué? ¿Por qué pasó ésto? Y si se es creyente la pregunta es: ¿Si Dios existe por qué permitió esto?, y he escuchado como en tantas otras veces: "no hay respuesta".

No todos podemos reaccionar de igual forma frente a la muerte de un ser amado, a unos nos ha sido concedido de algún modo la gracia de ver en ella a pesar del dolor de la ausencia, la certeza de la partida a una vida plena, a una vida donde a través del "umbral", "puerta", como un nuevo parto, nos da a luz a la vida en Cristo, y en Él en la Plenitud de Dios. No es conformismo. No en mi, no en quienes hemos vivido experiencias que nos transmiten esta certeza. La certeza de saber que vivimos para ir hacia Dios y una vida en Plenitud.

La muerte es una realidad que a veces nos toca de cerca y otras a pesar de su lejanía también nos toca o debería tocarnos. 

Mi certeza de Dios es que a diferencia de como se lo conoce, no es "el milagrero" que esperamos en todo momento, sino, la vida misma. Una vida que vivimos aquí y que vivimos también después. Las circunstancias por las que se produce la muerte es muchas veces consecuencia de nuestros propios actos y en muchas ocasiones es posible evitarla momentáneamente porque está en la responsabilidad de como actuamos. Pero siempre está en nuestra naturaleza morir. Y para ello no hay edad. Y no es tema de justicia Divina. Es tema de nuestra propia naturaleza humana en que nacer y morir son dos momentos por los que atravesaremos.

La justicia Divina opera de formas incomprensibles para el ser humano. Muchas veces se dan señales de salvación, actos de salvación a lo largo de la vida. Lo que no podemos creer es que estos actos de salvación no incluyan la muerte. La muerte puede ser un acto de salvación.

Dios nos ama profundamente y siempre está junto a cada ser humano, también en el sufrimiento y en el dolor. He escuchado decir que es posible que haya personas que vivan dolores como la muerte de un hijo porque tienen la fortaleza para hacerlo. Sinceramente y desde lo más profundo de mi certeza debo decir que no creo en ésto. Dios no envía sufrimiento. Ni a quién pueda o no estar espiritualmente preparados. Dios, Es Dios de la Vida, la muerte forma parte de la naturaleza humana, así como la enfermedad. Y el sufrimiento también. El propio Dios, Cristo como Jesús plenamente hombre, vivió desde la alegría hasta el sufrimiento y finalmente el martirio y la muerte más atroz que puede vivir quién sólo amó: la muerte en cruz.

Todos atravesamos distintas muertes y distintas enfermedades o accidentes y traumatismos y no es que Dios nos lo ha enviado. Sí, Dios en esos momentos más que en ningún otro será seguramente nuestra "fuerza" la que nos ayudará a sobrellevar cualquier circunstancia. Dios será para quién lo quiera y crea en Él y en su infinito amor y misericordia quien nos sostenga y nos devuelva la vida de una forma nueva. Hasta volver a reír luego de una muerte.

 Sí, podemos al vivirlo acrecentar nuestra fe y crecer en ella. Nunca es fácil. Nunca deja de ser doloroso, nunca deja de conmovernos, nunca deja de cuestionarnos.Más es posible luego de la primera conmoción, y según el tiempo que nos lleve a cada uno, porque en cada uno ese tiempo de absorción de esa nueva circunstancia es diferente y siempre válida, salir y hacer el proceso de "resurrección", y estoy segura, que esta salida es muy diferente en quienes somos creyentes en Dios de los que no son.

Estas son mis certezas del Dios en el que creo y del que tengo totales certezas, al que luego de varias muertes, grandes pérdidas, y otros sufrimientos he llegado a conocer más profundamente y Él que en todo momento es mi sostén y mi alegría.

Como un punto hasta aquí expresar que el ser que parte al morir, no descansa en paz, vive plenamente. Vive en la eternidad del infinito amor de Cristo. Y a su momento todos formaremos parte de esa vida que nos espera.

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