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28 oct. 2012

El climax de la actividad del sol

Sin Dios

Jesús comiendo en casa de los fariseos
Pintura del maestro Tintoretto

Nada hay más perfecto que el amor (1 Corintios 13, versículos 8 a 10)
" El amor nunca pasará. Las profecías perderán su razón de ser, callarán las lenguas y ya no servirá el saber más elevado. Porque este saber queda muy imperfecto, y nuestras profecías también son algo muy limitado; y cuando llegue lo perfecto, lo que es limitado desaparecerá."

En estos días he visto varias películas, todas ellas hablando del poder del hombre. Surgen "mesías" por todas partes. Hasta una nueva ciencia que descubre "células emocionales" capaces de curar todo mal que nos aqueja. En ninguna de ellas he visto pronunciar el nombre de Dios, más bien poner al hombre en su lugar y miles de seguidores que van tras los falsos profetas de nuestro tiempo. Creadores de un hombre convertido en Dios.

He visto el llanto del que todo lo ha perdido y no importa la causa, pero incapaz de elevar su mirada al amor de Dios y no ver su infinita misericordia actuando en cada momento.

Se avecinan tiempos difíciles, aún más difíciles de los que hemos conocido producto de circunstancias naturales unas (la actividad intensa que despliega el sol que se adormece durante años y despierta durante otros), y de nuestra intervención (depredación de la naturaleza y sus criaturas, depredación de la vida en todos los órdenes en pos de una falsa comodidad) que nos pasará la cuenta.

Las alertas mundiales de los científicos acerca del incremento hacia un punto cúspide en que llegará el sol, nos advierte de nuestra fragilidad, de nuestra incapacidad de ver que pequeños somos en todos nuestros conocimientos. Sin embargo a pesar de todo esto, surge una excepcional oportunidad: Volver la mirada hacia el amor infinito de Dios y aceptar ser reconstruidos en su amor.

¿Éste volver la mirada hacia Dios impedirá los acontecimientos que se avecinan: apagones que pueden durar desde 1 día a varios meses; interferencia en todo el sistema de comunicaciones que dejarán al mundo incomunicado porque los primeros en recibir el impacto de esta actividad solar serán todos los satélites que hemos creado; falta de alimentos porque en lugar de cultivar con buena semilla los poderosos se han apoderado de ellas y las que tenemos de poco o nada sirven por su esterilidad; hospitales que no podrán disponer de toda la tecnología existente porque simplemente no habrá electricidad y podemos seguir enumerando lo que desde hace un par de años estamos viviendo pero que recrudecerá durante el próximo año?

Estoy segura de que sí, de que volver nuestra mirada a Dios y reaprender a vivir de acuerdo a ese amor, puede cambiar el derrotero de nuestro futuro. No el hecho en sí de vivir el resultado de nuestra forma de vida que se verá afectada por un fenómeno natural. Sí se cambiará, si podemos asumir que será necesaria nuestra solidaridad, nuestro respeto por la necesidad del otro que nos lleve a compartir. A no acaparar, a no limitar el fruto de nuestras manos a aquellos que puedan pagarlos. No habrá poder en el mundo, no habrá gobierno en el mundo que sea más poderoso que el que no lo es. Todos seremos iguales, todos estaremos en igualdad de condiciones. Es nuestra gran oportunidad. Vivir en el amor de Dios hará la diferencia para atravesar tal vez las condiciones más adversas que nuestra sociedad, por su propia fragilidad y ominipotencia ha creado para sí.

No creo en las conclusiones de las profecías apocalípticas tanto las de nuestro tiempo como la de muchos de los santos que engalanan hoy el panteón cristiano. No las creo porque en todas ellas, el amor de Dios es un amor condicionado a nuestro sentir y en ese sentir humano que colocamos en Dios, se ha construido un Dios que envía castigos y mata inocentes como culpables. Dios sólo puede actuar por amor. Es su esencia. No puede huir de ella. Y el amor lleva en sí mismo la plenitud de la vida, no el quitarla. El amor lleva en sí mismo la misericordia y no el castigo. Dios ¿sería ese Dios que Jesús nos mostró, si condicionara su amor a nuestro hacer o pensar o sentir o expresar? Ese amor condicionado nos pertenece a los hombres. 

La forma de vivir los acontecimientos que se anuncian y que de hecho ya estamos viendo: incremento en la inestabilidad del clima, aparición de ciclones y huracanes con mayor intensidad, actividad sismológica incrementada, etc,, será de nuestra exclusiva capacidad de elegir. Elegiremos seguir viviendo sin Dios, viviendo a un Dios creado a nuestra hechura; o nos daremos la oportunidad de vivir de su amor, en su amor y por su amor. Depende de nosotros. No le culpabilicemos a Él, sino, a nuestra propia incapacidad de elegir.

Dios podría detener los acontecimientos pero si lo hiciera no sería Dios porque nos ha creado a su imagen y semejanza; negarse a sí mismo sería transformarnos en marionetas dirigidas a su voluntad y no permitir que obremos según esa capacidad que nos dio: el libre albedrío.

En nuestros corazones y en nuestras manos está el futuro que nos aguarda. Con Dios podemos transformarlo en un acontecimiento gestador de nueva esperanza. Vivir de su amor.

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