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22 dic. 2012

ADVIENTO 2012-2103

Cristo Redentor

Elegí esta impresionante imagen del Cristo Redentor ubicado como todos saben en lo alto de un Morro en Río de Janeiro, Brasil porque me tocó el alma como la realidad de este tiempo de preparación o tiempo de Adviento.

No quise como en otros momentos recurrir a las maravillosas obras de arte de los grandes maestros de pintura sobre el tiempo que media entre la Anunciación y el Nacimiento de Jesús porque en lo hondo de mi ser sentí, que Adviento es el tiempo del anuncio, del Kerigma. De ese momento sublime en la historia que cambiaría la historia. Cambiando nuestra propia historia cada nuevo Adviento. Esta imagen del Cristo Redentor es para mi, la propia experiencia profunda del encuentro con Jesús en cada uno.

Un Cristo, Dios, Hombre, cercano a cada uno de los seres humanos, que extiende sus brazos queriendo recibir a cada uno, a todo aquel que se de autorización saliendo de marginados razonamientos intelectuales para vivir este encuentro. Es Tiempo de Dios, es Tiempo del Encuentro con Cristo en lo más hondo de cada ser.

Todos somos amados profundamente por el amor de Cristo que es la traducción perfecta del Amor del Padre, más para que podamos vivir en ese amor, es preciso ese encuentro personal e íntimo con Jesús, con Cristo, para luego poder ir a su encuentro. Es necesario decir como María: Sí, aquí estoy. Mi corazón esta dispuesto. Mi ser esta dispuesto. Nadie vive profundamente en el amor y es capar de derramar verdadero amor si primero no ha vivido y se ha llenado de ese amor que todo lo abarca, lo da, ese amor de Cristo, del Padre, de Dios en su inmensidad.

Su amor no niega a nadie, su amor no margina a nadie, su amor no segrega a nadie. Es para todos. Pero hay la necesidad de ese encuentro y reconocimiento del amor. Sin reconocer la fuente del amor, sin dar nombre a ese amor, ¿cómo vivir ese amor en su totalidad, en su inmensidad? 

Esos brazos abiertos nos invitan a meternos dentro de ellos, a permanecer dentro de ellos, a cobijarnos dentro de ellos. Nosotros tenemos que dar el paso siguiente porque el primer paso ya fue dado. El primer paso lo hizo Dios en Cristo, fue él quien vino primero a nuestro encuentro. Y como en todo vínculo, luego del que da el primer paso, el otro debe responder dando el segundo paso. El amor es vinculante, siempre necesita de dos para dar fruto. Cristo es la fuente, nosotros los sarmientos si damos ese paso hacia su encuentro y de los dos, el fruto: amar, ser amado y entregar ese amor.

Feliz encuentro en este adviento 2012 cargado de profecías necias que nos demuestran una vez más que el verdadero camino es Cristo y no otro. Y que no necesitamos saber nuestro final, porque ya lo conocemos: estar en el profundo amor de Cristo, nacidos nuevos al Padre, plenos de vida en el Espíritu Santo, nacidos de la matriz de María.

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