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29 mar. 2013

VIERNES SANTO: La Virgen María


Madre Nuestra, Virgen María que desde el principio tuviste conocimiento de que una espada se clavaría en lo profundo de tu corazón, ¿por cuántos alegrías y dolores, dolores y alegrías atravesaste hasta llegar al mayor dolor? Acompañabas a la distancia el quehacer de tu divino hijo, guardabas en tu corazón cada palabra, te pusiste en un segundo plano y asumiste el rol de discípula de tu propio hijo. No reclamabas, no permitiste que el cansancio y el dolor te alejaran de seguir su camino. Cuanto amor, Madre Nuestra, cuanto amor entregado. Viviste a través de esos ojos que en un instante se posaron en ti, toda la pasión y sufrimiento de tu hijo, Nuestro Señor Jesucristo. ¿Cuándo llegaste a descansar en tu servir a tu amado y divino Hijo? Cuanto dolor y cuanta certeza. Certeza en la Promesa que te hizo Dios Padre cuando te convirtió en madre de su Hijo. 


Virgen María
Madre Nuestra

¿Cuánto de ti por aprender? ¡Qué lejos estamos de lo que seguramente anhelas para nosotros! Aún así, en aquel momento, cuando viste que los clavos se hundían en su carne, atravesando piel, músculos y hueso, no te acobardó tanto sufrimiento, allí a su lado, desde donde te dejaban al principio y luego a los pies de la Cruz que lo elevó sobre la tierra, allí estabas. Sus ojos se posaron en los tuyos y tu retuviste su mirada. Ambos supieron sin decir nada, el amor profundo que los unía, Dios estaba allí. Dios en Él, Dios Él, Dios su Padre y el Espíritu Santo en medio de tanto dolor, el consuelo y la certeza de un despertar nuevo, de una alegría incomparable. Alegría en medio de tanto dolor. Dolor y alegría hechos uno entre Jesús clavado en la Cruz y tu a los pies de su último suspiro. Madre Nuestra, Virgen María, tu eres la primera y última bienaventuranza: Todas ellas resumidas en ti. Todas ellas en tu Hijo divino y humano que nos lo hiciste parte de nuestras vidas. 
Tu nos enseñas cómo debemos seguir a Jesús. Nunca separaste de tu corazón castigado por el dolor, la certeza en el amor misericordioso del Padre.

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