GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

12 may. 2013

DIOS: Una vida sin Dios

Más allá de nuestros ojos, de nuestros oídos, más allá de nuestras manos, un mundo aunque lejano se torna tan cercano. Millones de niños sometidos a esclavitud, a vivir huérfanos, hijos del silencio del mundo cercano. Millones de niños, hombres y mujeres en campos de refugiados por guerras que no les pertenecen y que sin embargo los convierten en protagonistas.

Y de entre el llanto, el arrastrarse por un pedazo de pan, el abrir las manos a una migaja de afecto y ternura más allá de nuestra mirada, millones esperan. Esperan que seamos portadores de ese Dios que conocemos y sabemos de su amor. Esperan que seamos portadores de un te quiero, surgido de las entrañas mismas de ese Amor con mayúsculas que sólo Dios puede ofrecer a cambio de unos ojos llenos de ternura y al principio desconfianza.

Ojos que mirar, corazones que esperan, manos que se tienden. Más allá de esos ojos, corazones y manos el mundo sigue preocupado y encerrado en sus propios problemas, en sus propios "como resolver que los bancos no quiebren" mientras otros millones de personas han pasado a formar parte de los "sin trabajo", de otros hijos que esperan también un trozo de pan que llevar a la boca.

Africa, tal vez uno de los continentes más ricos luego del continente americano o antes quizás, es el eterno olvidado de la mirada del mundo que gobierna, de los poderosos que solo piensan en acumular, acumular; acumular qué y para qué. Monedas que como la parábola de Jesús, cuando el rico tanto llevaba acumulado y se prestaba para disfrutar recostado en las monedas de oro que había arrancado de los menesterosos y campesinos, tiene como recompensa la muerte sobre tanto oro. Muerte que le lleva a no haber podido entregar nada del amor que Dios le dio a lo largo de su vida y que lo hace cargar con el peso de tantas vidas quebradas por su egoísmo.

Nunca más cercana a nosotros esta parábola, nunca más presente en nuestros tiempos. Una vida sin Dios es no querer mirar esos ojos que buscan, esos corazones que esperan, esas manos que se tienden aún con esperanza. Porque ellos en su ser más íntimo no han perdido la esperanza. 

Y esperan. Esperan a Dios que nos ha puesto en el mundo a entregar el amor que Él nos entrego en el amor que Cristo nos dio, enseñó, mostró de su Padre, de nuestro Dios Padre. Esperan a Dios que nos ha puesto en el mundo para ser medios por el que Él, Dios pueda transformar esos lamentos en voces que cantan, esos pieles arrugadas por la deshidratación y la falta de un plato de comida que los ha convertido en "viejitos anticipados" en niños que se levantan y ya no arrastran por el suelo para correr y jugar con otros niños; esperan a Dios que nos levanta a cada uno cada día de entre nuestras necesidades y miserias para que seamos portadores de ese amor incalculable que puede hacer que las manos que se tienden encuentren un corazón donde refugiarse, el calor de un cuerpo que contenga y transforme su angustia, soledad y orfandad en hijos de otros padres, en hermanos de otros niños, en nietos de otros abuelos.

Una vida sin Dios. en la que Dios espera por nosotros, volvamos nuestros corazones a Él tendiendo los nuestros a esos corazones que esperan.

Una vida sin Dios, en la que Dios espera por nosotros, expresemos en nuestro libre albedrío elegirlo a Él como el Señor de la esperanza que se tiende hacia le desvalido, el encarcelado en la esclavitud del hambre, el que aún en la más horrenda miseria aún espera que Dios llegue hasta ellos. 

De Dios es el Amor, la misericordia, el levántate y anda, la luz del camino en medio de la oscuridad, nuestra la responsabilidad de ser portadores de ese Dios que espera y sigue esperando por la inmensa mayoría de la humanidad que hoy lleva una vida sin Dios.

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