GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

11 sept. 2013

De vuelta a casa: Hay que hablar de la muerte.

Mi papá:
Luis Alberto Galo Vázquez

Nació el 3 de marzo de 1935
Falleció el 7 de setiembre de 2013
en el Día de La Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo

DE VUELTA A CASA

Papá tenía 78 años. Era un hombre vital, la semana antes de internarse trabajaba en lo que le gustaba a pesar de hacer esfuerzo físico en ello. Caminaba 18 kilómetros por día, no fumaba hacía más de 40 años, comía saludable. En fin puede decirse llevaba una vida bastante saludable.

Papi había tenido un infarto muy grave en 1991 a causa del dolor y de no poder expresarlo. En 1986, el 9 de agosto fallecía su hijo menor, mi hermano al que llamábamos Beto como a su tío, el hermano de papá que también había fallecido un 9 de agosto y a la misma edad que mi hermano: 24 años. Causas diferentes de su partida. El hermano de papá se había suicidado y mi hermano, su hijo, falleció luego de dar batalla a un cáncer. Papá cuando mi hermano falleció comenzó a culparse por haberle puesto el nombre de su hermano. Y para colmos los dos tenían las mismas iniciales: R.C.G.V. Nunca se recuperó de la partida de su hijo y cargó con un sentimiento de culpa que tampoco le permitió vivir feliz a partir de ese día. Ya había vivido también grandes dolores, dolores de pérdidas de seres también amados. No hablaba del tema. Casi ni los nombraba. No era un hombre aparentemente amargado en su vida cotidiana, pero el dolor, el enojo y la culpa no le permitieron expresar su amor. Levantó muros. Y esos muros lo lastimaron. Tampoco le permitieron creer en Dios. Creo que sentía que si lo expresaba se desmoronaba.

Hace poco más de una semana, hace dos viernes atrás, se internó porque se sentía mal. No era hombre de quejarse y menos aún de dar importancia a los dolores físicos. En el primer infarto solo sintió una puntada en la mitad de la espalda a la altura del corazón y una sudoración fría. En esta segunda oportunidad sólo un fuerte dolor en el espalda y algo que le decía que la cosa no iba bien. Se internó. En la emergencia, en los dos electrocardiogramas que le hicieron primero y en el análisis de sangre no apareció nada. Sin embargo una médica que lo atendió hizo repetir el electro y también el análisis de sangre. Allí sí, papá estaba haciendo el infarto. Muchas veces los infartos no aparecen en el momento en que se practica el electrocardio porque éste muestra como imagen lo que sucede en ese mismo instante. Lo que no quiere decir que la persona no lo esté cursando. Por eso siempre es bueno que los médicos se tomen su tiempo y lo repitan y no digan no tiene nada, todo normal con un sólo electro practicado. Es mejor esperar y practicarlo nuevamente. Así es como una vez que aparece el infarto y dada la seriedad del mismo sumado a sus antecedentes lo derivan al Centro de Investigaciones Cardiológicas Uruguayo (CICU) de Casa de Galicia.

Estos Centros de Investigación están en cinco lugares distintos, dos de ellos se ubican en el Sanatorio Americano y el otro en Casa de Galicia. Lo que hubiera correspondido y no hicieron fue una vez compensado preguntarle a que CICU quería ser derivado ya que no debe decidirlo el médico. Esta internación de cualquier paciente la paga el Fondo Nacional de Recursos y son coberturas de muchísimo dinero que se eroga hacia el lugar donde se ubica ese CICU. No sucedió así y a papá lo derivaron directamente al CICU de Casa de Galicia. Por cierto de esto tomará cuenta mi sobrina, su nieta, médico, denunciando la situación. Pero de todos modos va más allá de lo que en lo formal todos podemos tomar cuenta a fin de saber que en circunstancias similares el paciente o los familiares si no está consciente puede optar por cualquiera de los 5 CICU existentes en el país. Desde el que se aloja en el Sanatorio Americano hasta el que está en Casa de Galicia. En ningún caso tendrá costo para el paciente uno u otro.

Una vez compensado lo derivaron inmediatamente al CICU de Casa de Galicia. Ingresó un viernes 30 de Agosto día de Santa Rosa de Lima. Papá como dije al principio no era creyente, tampoco se denominaba así mismo ateo. Simplemente no creía. Pero para Dios no hay hijo creyente o no que deje de amar y de importarle. Como viejo duro de roer, no viejo despectivamente, no avisó que estaba internado hasta el día siguiente en que efectivamente por la gravedad de su situación decidió que era hora de llamarnos a mi y a mi hermana. Desde ese día todo se sucedió en apenas una semana. La gravedad de lo comprometido de su sistema arterial y de su corazón no daba muchas posibilidades de una salida fácil ni tampoco que la misma ofreciera la menor calidad de vida. Todo esto lo hablaron los médicos del equipo que lo atendió con nosotros y con él presente. La elección era entre mantenerlo estable con medicamentación de una silla en la que estuviera sentado e ir al baño para volver a la silla y esperar allí la muerte en otro infarto, o apostar a la vida. Una vida que tendría limitaciones pero que le permitiría disfrutar a sus nietos, salir y caminar y no esperar sentado la muerte. Apostó a la operación con todos los riesgos que en él implicaba. Todo podía suceder. Que no pudiera salir con vida de la operación o que la misma pudiera otorgarle esa mínima calidad de vida, que no dejaría de ser vida ya que lo limitante estaba referido a no hacer esfuerzos y trabajar como lo hacía hasta ese día del nuevo infarto.

Lo operan el lunes 2 de setiembre. La operación lleva si todo sale como esperan unas seis horas. Apenas transcurridas unas casi 3 horas, el cirujano avisa que ya lo habían operado y estaba como todo operado cardíaco en el CTI, que fuéramos a recibir el informe y ha hablar con él. Nos explica que la operación no había sido el éxito que esperaban desde el punto de darle esa mejor calidad de vida a la que se había apostado. Papá había caído dentro de ese 5% que no muestra en todos los exámenes que se le practiquen la extensión del daño sobre el corazón causado por el infarto. Y este había sido mucho más amplio y agresivo de lo que esperaban. Con su sistema arterial todo comprometido y la parte respiratoria también con compromiso anterior, la situación era dramática. Si papá despertaba y lograban sacarle el respirador y todas las máquinas que lo asistían en el mejor de los casos la silla lo esperaba y en peores circunstancias debido a que había sufrido además una intervención quirúrgica. Le habían practicado sólo dos baypass para bajar la presión sobre el corazón y que no sufriera dolor y fatiga de tan solo ir al baño. Una función que naturalmente damos por común, el esfuerzo podía ser demasiado sin esos dos baypass realizados. 

Nos miramos con mi hermana mientras el médico nos decía que las horas siguientes eran cruciales y que tal vez lo superara. Superarlo significaba ira a postrarse en una silla y esperar. Lo pusimos en manos de Dios. Mi hermana y yo tenemos fe y si creemos en que lo mejor siempre está en Manos de Él. También había llegado la hora de pedir a Dios por una buena "muerte" para papá. Muchos se horrorizan al hablar de este tema y al escuchar que un hijo o un padre o un esposo, hermano o familiar pueda pedir una "buena muerte" para el ser que ama y no pedir como es común que Dios le salve la vida, para que permanezca como sea vivo en la tierra.

La buena "muerte" la decide Dios. Y la concede Dios. Siempre dentro de su profundo amor. Sí había que asegurarse de que los médicos muchas veces se exceden en sostener artificialmente el tiempo de vida de un ser humano mediante la aplicación de máquinas, cuando el ser humano que está allí partiría sin ese soporte artificial,no lo hicieran. Por cierto no se trataba de desconectarlo, eso sería decir uno la muerte. Sí que no se le practicara nada que desde lo artificial sostuviera su vida. Su vida y su muerte en ese momento estaban en manos de Dios y en la decisión de mi padre por más que estuviera sedado y no tuviera conciencia aparente. 

Tanto mi hermana como yo habíamos tenido señales de Dios de que el momento de la partida estaba cerca. Eso lo cuento en una reflexión que hice sobre su partida donde figura también el homenaje que le hago a su vida y su partida en este link que dejo aquí: 

Muchos se preguntaran al leer estas palabras ¿por qué escribo sobre esta vivencia?  Porque es necesario hablar de ello. Porque además los seres humanos en todos los casos debemos asumir que la muerte también forma parte de nuestras responsabilidades para con uno y mucho también para con los demás. 

Papá se había negado a pensar en su muerte y por resultado no había planificado que hacer si bien había expresado su voluntad de querer ser cremado. Pero no había tomado los recaudos necesarios para ello. Hay veces en que cumplir los deseos póstumos de los seres que amamos tal vez no se puedan llevar a cabo. Morir cuesta dinero, como vivir lo cuesta. La cremación es un trámite que el que lo desea debe llevar adelante cuando se está vivo. En mi caso yo tengo servicio fúnebre pago desde el primer día de comenzar a trabajar, tenía 18 años y con mi primer paga lo primero que hice fue hacerme socia de un servicio fúnebre. Loco puede parecer que un ser humano tan joven haga esto. Y muchos temen atraer con esto a modo de puro fetichismo la muerte sobre sí. Nada de eso es cierto. Pero lo que sí es cierto que para morir solo alcanza con estar vivos y nadie tiene la vida comprada. Un acto de responsabilidad hacia los seres que amamos es arreglar nuestros temas con la muerte para cuando esta llegue, además del dolor que produce la ausencia no queden otros temas pendientes. Ahora también como mi decisión es ser cremada porque quiero que mis cenizas compartan las de otros hermanos cristianos en el Cenisario de mi Parroquia, estoy pagando una sobre cuota de apenas 70 pesos mensuales para dejar también esto cubierto.

No hablo con desapego, solo con realismo. No temo a la muerte porque se hacia donde voy: De vuelta a Casa. En Cristo a los Brazos siempre abiertos del Padre para vivir allí desde ese momento. 

Volviendo a la semana y al fallecimiento de mi papi. Dios hizo maravillas. La mamá de mi papá, mi abuela paterna había nacido en la provincia de ORENSE, en España. Cuando lo derivan lo hacen hacia Casa de Galicia donde hay un señor escudo de esta Provincia. 

Por otros motivos que ya habíamos vivido antes con la partida de otros seres muy amados, sabíamos que Dios había enviado a mi Abuela a estar cerca de papá su hijo para apoyarlo. Si ingresan en el link verán también como mi hermano Beto y su propio hermano Beto, su hijo y su hermano también fueron enviados por Dios a acompañarlos en el proceso del desprendimiento del mundo cotidiano de la tierra e ir al encuentro con Dios y la Vida Plena que le aguardaba.

En todo esto que escribo y el ¿por qué lo escribo? no se relaciona con la necesidad de hacer un proceso personal de catársis. Si bien el dolor de la ausencia existe, en mi se da un proceso paralelo y aún que supera al primero que es la alegría de la certeza de hacia donde se dirige y quién lo espera: CRISTO para entregarlo a los Brazos siempre abiertos del Padre fuente infinita de la vida eterna y del amor infinito.

Se relaciona con poder llevar una experiencia a aquellos que temen hablar de la posibilidad de la muerte con sus seres queridos que la enfrentan o bien entre ellos y sus familiares y hasta a veces consigo mismos, como si esto atrajera más rápido o la pudiera detener de algún modo.

Morir es tal cuál el parto. No el alumbramiento. El parto. Es el momento en que la Virgen nos ayuda con sus pujos de parto. Esos pujos son los instantes o días previos a la partida. Son parte de lo que nos toca vivir antes de cerrar nuestro tiempo en la tierra. Esos pujos son distintos en cada ser humano y cada ser humano tiene que tener la oportunidad de vivirlo, muchos para arreglar cuentas que tal vez no pudo en días anteriores o en años, con familiares, o de cualquier otro tipo. Y hasta también con Dios lo que no es menos por cierto. Pero hablar de la muerte es también importante para el ser que va a partir. Le permite desahogarse, expresar si tiene temores, y ayudarlo a que no se guarde todo eso para él. Compartirlo con los seres que ama y lo aman permite estrechar otros lazos que de callar tal vez no se logran. También hablar de nuestra muerte en esos momentos en que ya estamos de cara a ella, permite ayudar a los seres que amamos y que quedan por un tiempo más hasta el futuro encuentro a saber como hemos dejado nuestras cosas en la tierra. Los papeles donde se encuentran, que hacer con lo que conquistaron o no durante su vida, ordenarse en esos días es también parte del amor que sentimos por los demás.

Siempre cuando se produce la muerte del ser que amamos experimentamos ya seamos creyentes o no un schock, una conmoción. Si a eso sumamos que luego un mundo de problemas cae sobre el que queda, todo puede convertirse en un caos. Amar es tratar de dejar las cuentas en la tierra arregladas y nuestras responsabilidades cubiertas. Eso es lo que podemos hacer. Mientras la muerte no está en nuestras manos. Todo lo demás si.

Y todo lo demás forma parte de aprender a amar. Amar es también hacernos cargo durante nuestra vida de las responsabilidades que no podemos dejar para otro día, porque tal vez, ese otro día no llegue y tome por sorpresa y se convierta en un dolor que suma por todo lo que hay que ocuparse después en todos los que dejamos atrás aquí en la tierra.

También saber que un simple puntazo en la espalda puede ser estar sufriendo un pre o un infarto. Y no dejarlo pasar. 

Decíamos que los días previos a la muerte son los pujos del parto. Parto porque la muerte es el Umbral que separa el estar vivos en un plano o lugar, la tierra en el caso del bebe que llega y nace en la tierra y el Umbral que separa el otro instante más importante para cada uno: salir de la placenta y el vientre en que fue la tierra en que vivimos para nacer a Cristo y a través de él ir a la morada definitiva: Vivir en Dios plenamente Vivos rodeados de su amor infinito y allí conocer al verdadero amor y la plenitud de la vida. El alumbramiento se da cuando ya morimos y hemos sacado nuestra cabeza durante el parto y nuestro corazón cuando es a Dios.

Mi padre aún a pesar de no creer fue recibido por Cristo y va hacia Dios Padre. El amor sobre aquel que se consideró de alguna manera el Hijo Pródigo, en el amor del Padre dejó de serlo. Nada sabemos de ese momento del Encuentro. Solo sabemos que nos aguarda. Sí puedo decir que tengo la certeza de que lo único que vale para Dios en ese momento del Encuentro es la disponibilidad del alma dispuesta a rendirse ante el amor más inconmensurable que podemos soñar. Y allí, no hay ateos, no hay musulmanes, no hay católicos, no hay evangelistas, no hay nada que importe, porque el alma se ha despojado del sentir de la tierra y se encuentra de cara con la vivencia más trascendente que jamás imaginó. Dios nos recibe a todos, a pesar de los distintos nombres o ninguno que le demos durante nuestra instancia en la tierra. 

Para más certeza de que es así dos mojones del camino de esta vivencia de la muerte de mi papá y la plena cercanía de Dios con él: una amiga que tenemos venía hacia el velatorio de papá y le dijo a su esposo, bueno ahora vamos a encontrarnos con Gianella (Mi hermana), Con Bettina y con Roberto (Mi hermano fallecido). Cuando se dio cuenta inmediatamente pensó ¿pero si Beto está muerto? En realidad mi hermano está más que vivo, Vive en una Plenitud para nosotros desconocida pero una vez más Dios nos permitía saber que Él lo enviaba a ayudar en este tránsito a papá. Ese es el primer mojón, el segundo fue cuando el ataúd elegido y que mi hermana no sabía tenía puesto la cruz de Cristo con Cristo en ella. Y la salita en que habían puesto a papá tenía capilla ardiente. Por cierto, al no haber sido planificado, esto era un designio de Dios mostrando que ya lo había recibido y que nada más importaba. Que papá había aceptado sus brazos y que estaba en camino a su encuentro definitivo. 

Hay que aprender a leer las señales que Dios nos regala todos los días para poder aprender a caminar en el amor, hacia el amor y por el amor.

Que estas palabras sirvan de apoyo a muchos otros que hoy atraviesan por esta tiempo.

Aquí les dejo mi homenaje a Papá también para que ustedes puedan dentro del dolor experimentar la inmensa alegría de saberse siempre acompañados por Él.

Papá al pedir la buena muerte para él se fue serenamente dormido. Pasó de una vida a la otra sin sufrir y sin retenciones egoístas de nuestros corazones. 


Desde mi papá para todos aquellos que están por partir para que puedan dejar el miedo atrás y aprovechar ese buen tiempo que también Dios nos ofrece para entregar a los que amamos ese amor que también es cuidado del otro.

FELIZ ENCUENTRO PAPÁ

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