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21 sept. 2013

Los Santos que la Iglesia y la gente olvidan: SAN VICENTE PALLOTTI


El Santo eternamente olvidado
SAN VICENTE PALLOTTI

"Rápidamente corrieron dos monjes franciscanos a la casa de la pequeña comunidad de Vicente Pallotti en un día de enero húmedo y frío del año 1850. Llevaban una carga muy pesada: el Santo Niño Jesús de Aracoeli, a quien aún hoy la gente del pueblo romano acude con sus preocupaciones.

Vicente Pallotti estaba moribundo y deseaba ver al Santo Niño mientras se decía: "El Santo Niño me conceda la gracia de una buena muerte."

Unos días antes, al regresar de confesar, había regalado su capa a un mendigo.

El clima húmedo y frió lo atacó fuertemente y lo enfermó. Él sabía que se estaba muriendo y consolaba a sus amigos: "Pronto ya no estaré con ustedes, pero la Comunidad será bendecida y crecerá. ¡Yo lo sé!"

Estas palabras fueron expresadas por un santo, toda la gente lo consideraba así. Se difundieron por toda la ciudad de Roma como la pólvora, en todas las casas y calles se decía: "¡El santo...., el santo está muriendo!" De todas partes acudía gente a la iglesia de San Salvatore en Onda, la iglesia de Vicente Pallotti, para pedir a Dios por su recuperación.

Vicente había nacido en Roma el 21 de abril de 1795. Días más tarde fue llevado a la cercana iglesia de San Lorenzo en Dámaso para ser bautizado. Era el tercerdo de diez niños de la familia de Pedro Pablo Pallotti y María Magdalena, su esposa. El padre era el propietario de dos almacenes, en donde se vendían comestibles. A los niños no les faltaba nada y sus padres se preocupaban por ellos.

Como niño Vicente jugaba muy bien a la pelota. Su madre y los vecinos observaban conn asombro la avidez con la que él pateaba la pelota contra la pared de la casa y la rapidez con la que la atrapaba nuevamente. "¡Bravo, Vicente! es precioso verte", exclamo su madre.

Entonces, él se detuvo y se dirigió a ambos con la pregunta: "¿También me mirarán cuando celebre la misa en la iglesia?"" Texto extraído de Vidas de Luz, Éditions du Signe

Ya desde muy pequeño Vicente mostraba su amor por los pobres, por los que nada tenían o tenían poco. Daba una y otra vez sus capas de abrigo, hasta llegar a aparecer en más de una ocasión sólo con la ropa interior puesta. Todo daba de sí. También su ropa de cama.

Tenía el don entre otros de restablecer la paz donde había disputas. Incluso el cura párroco de la iglesia le pedía a Vicente que explicara a otros niños el catecismo. 

Vicente se impresionó con la vida de San Felipe Neri, quien siempre no importando la hora estaba disponible para atender las necesidades de los pobres y fue para él un ejemplo vivo de que la fe hace libre y feliz.

En su juventud mientras estudiaba las largas horas que le insumía el Seminario siempre se hizo tiempo para cuidar y atender las necesidades de las personas mayores de su familia y de todos los que recurrían a él que ya por esos días eran muchos.

Su entusiasmo, su alegría, la forma de comunicar el Evangelio y explicar las oraciones hacían que muchos aún sin saber por qué fueran tras el a misa. 

Con su humildad, cariño y disposición Vicente Pallotti supo conquistarse el afecto y la confianza de todos. Estos dones los mantuvo hasta el final. Fue confesor de muchos porque sabía escuchar y orientaba con amor. Incluso fue confesor de obispos y hasta del Papa de entonces.

Vicente amaba a todos como Cristo amaba. Sin prejuicios, sin ostentaciones, sin medias tintas. Amaba.

Vicente tenía una gran confianza en la Virgen María, se decía: ella fue la que mejor conoció a Jesús y la que antes aún que los apóstoles llevó a Jesús a la gente.

Y llevar a Jesús a todas las personas era lo que Vicente más quería.

Un día luego de celebrar la Eucaristía, Vicente tuvo estando en la sacristía una visión: Dios le pedía fundase un gran movimiento de creyentes para que juntos fueran el motorcito que despertase y mantuviera viva la fe cristiana en todos y para todos, sacerdotes y pueblo, pobres y ricos, letrados y aquellos que no habían tenido la posibilidad de estudiar para que se comprometieran a ayudar a la renovación de la fe. Corría enero de 1835 cuando tuvo esta visión.

En ese entonces como hoy habían muchos que ya no creían en nada. Como hoy revoluciones, guerras, hambre, destrucción, enfermedades azotaban por doquier.

Vicente vio que ahogados en sus necesidades muchas personas perdían su fe en Dios. Muchos niños y jóvenes crecían sin resguardo familiar y sin poder ir a la escuela. Muchos vivían en las calles. Como hoy, ese ayer de Vicente, se repite.

Pero Vicente jamás se dejó abatir. Siempre tuvo presente no sólo el amor de Dios que lo sentía presente, sino, la visión que aquél día había tenido en la sacristía.

Así Vicente pudo alentar a muchos para frenar el dolor de tantos desamparados. Abrió junto con un pequeño grupo al principio muchos orfanatos y escuelas nocturnas para jóvenes. Las familias pobres fueron abastecidas con alimentos y medicinas. Visitaba cárceles como hospitales militares. 

El primero de tantos milagros Vicente Pallotti lo hizo estando en vida. Entrando un día en casa de un comerciante le dijo: "Yo debo visitarles". Tras esta frase la respuesta del comerciante fue: "nosotros a usted no lo hemos llamado". Cuando la esposa vio que se trataba de Vicente, le pidió que bendijera a su hija enferma. "Su hija se recuperará" afirmó Pallotti. Aldía siguiente la niña se encontraba mucho mejor y su recuperación fue total.

Tiempo después Pallotti fundaba el comienzo de lo que había sido la visión que Dios le había enviado: La primera Comunidad Pallottina. Todos descubrieron allí que juntos eran Apóstoles, mensajeros de Buena Nueva, como había sido en los comienzos de la iglesia.

Vicente tuvo muchas dificultades para que la estructura de la iglesia comprendiera esto y no se sintiera vulnerada. Los estamentos eclesiales temían mucho la intromisión de los Laicos, personas comunes que sólo tenían en común tres cosas: ser bautizados, amar a Dios y querer servir a la Iglesia contribuyendo a despertar la fe donde se hubiera perdido y atraer a otros a construir entre todos la iglesia de Cristo. Y aún desde su lecho de muerte seguía inspirando a los suyos a no decaer, a no perder la esperanza. A hacer que se cumpliera la visión que Dios le había enviado.

Hoy a muchos años ya del momento de su muerte, nacimiento a Cristo, y a 50 años de su Canonización por Juan XXIII, el Papa que sin lugar a dudas se sintió tocado por esta necesidad urgente que tenía la iglesia y que Dios hiciera saber a Vicente en aquella visión, llama ante ese requerimiento que le llegaba desde el fondo de su corazón a un nuevo Concilio.

El Concilio Vaticano II funda los cimientos del renacer de la fe, de la transmisión de la Buena Nueva, de que la salvación es para todos sin exclusiones, y sella que para ello es necesario que todos los bautizados por el solo hecho de serlo, desde el lugar en que se encuentren pongan al servicio de la iglesia sus dones para juntos llevar a Jesús a la gente.

Hoy el Papa Francisco, luego de un acto de infinito amor del Papa Emérito Benedicto XVI, nos llama a todos, jóvenes y no tan jóvenes ha salir de nuestro encierro y a hacer lío. Lío que es ir al encuentro del otro sin temor, sin miedo, sin prejuicios, con espontaneidad, a mostrar el amor de Dios y a llevar a Jesús, Cristo a todas las gentes no importando su condición. A salir de las poltronas y de las iglesias puerta afuera para ir al encuentro del otro, del prójimo a encender la fe. Hoy la acción de los laicos es una acción sin reservas en la iglesia aunque mucho trabajo falta por hacer.

San Vicente está viendo crecer ese gran movimiento de creyentes que Dios le pidió para que todos juntos ayudasen a que la fe cristiana se mantenga viva y para que todos, sacerdotes y pueblo, pobres y ricos, académicos y personas sin formación se comprometan a ayudar a la renovación de la fe.

Sin embargo a la hora de los recordatorios de aquellos que han contribuido para que esto hoy comience a ser una gran realidad, pronto han olvidado su nombre. Tal vez porque a pesar de la lucha que tuvo que dar para que la comunidad como movimiento y no como congregación fuera aceptada dentro de la iglesia, Vicente una vez más oculta sus logros y esconde en su humildad el esfuerzo y la magnitud de la obra conquistada. Así como ocultaba de sus padres las medallas que obtenía en sus logros estudiantiles y solo los daba a conocer a la Virgen María en la iglesia de la que era asiduo.

La obra, la tarea que Dios encomendó a Vicente aquél día no podía circunscribirse a una congregación, porque incluso todos serían llamados sin dejar de pertenecer a la congregación que pertenecieran.  

Dios en Vicente Pallotti nos llamaba a volver a ser como niños amando con confianza y dejándonos ser amados con esa misma confianza, crecer y madurar nuestra fe sintiendo que ella jamás será una fe viva si no está al servicio de todos y es vivida con todos construyendo entre todos el Cuerpo de Cristo. Y que el camino a la santidad se perfecciona en el andar con todas nuestras imperfecciones porque el que concluirá la obra es Dios, Dios el que la hará perfecta.

Las palabras del padre Alejandro Fontana en su homilía anunciando los festejos y celebraciones de las bodas de oro de San Vicente Pallotti al ser canonizado, a los 50 años de su canonización en el transcurso del año 2012 anunciaba casi diremos proféticamente al hablar del Carsima de la Unión del Apostolado Católico, lo que hoy el Papa Francisco llama a vivir a toda la iglesia, con lo que soñó San Vicente Pallotti casi dos siglos antes.


A pesar de que todavía hoy no se le reconoce a San Vicente Pallotti el ser anunció, gestor de lo que ya se vive y se pide a todos los bautizados, los palotinos honramos su memoria y su inmenso aporte a la iglesia con lo que Dios ha puesto en cada uno de sus hijos, dones y carismas desde el lugar en que nos encontremos para encender la fe siendo testimonio vivo de ella asumiendo la co-responsabilidad de gestionar las necesidades dentro de la iglesia, viviendo en comunidad y sirviendo al prójimo según el tiempo histórico que nos toque vivir porque Dios es un Dios Vivo y necesita de una iglesia viva,donde todos los bautizados, ordenados y laicos llevemos su amor infinito a cada rincón de la tierra.

En ese sentido y utilizando los carismas y dones que Dios me ha regalado, formando parte de la Unión del Apostolado Católico (U.A.C) hoy quiero dejar mi pequeño granito de arena en este vídeo que se llama: SAN VICENTE PALLOTI EL ETERNAMENTE OLVIDADO, donde he querido traerlo a las necesidades de nuestro tiempo. Mostrando lo que inspira a nuestra Comunidad Pallotina para la gloria de Dios.


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