GEO TOLBAR MIS VISITANTES DE HOY

27 sept. 2015

Domingo 27 de Setiembre de 2015: Aprender a mirar la Vida en los ojos de los olvidados de siempre

Las vidas que no supimos mirar.

Hoy hace más de un año que no escribo en este blog, sin embargo no lo olvido. Muchas guerras, muchos naufragios, muchas muertes, muchas esperanzas llegadas a como de lugar a algún lugar en Europa que permita respirar, volver a respirar. Que permita volver a sentir que la vida es posible.

Durante este último año muchas cosas han cambiado. Tenemos un nuevo Papa: Francisco. La iglesia ha comenzado a caminar los caminos de la tristeza y el dolor para llevar la alegría y la esperanza que nos trae nuestro Señor Jesucristo. Aunque todavía muchos permanecen dentro de sus escritorios son más los que salen al encuentro.

Sin embargo cuando creíamos que el siglo pasado, ese siglo del horror de tantas guerras podía estar dejando paso a uno de mayores encuentros, nos vemos asaltados por otro gran horror: el de millones de seres humanos a los que el mundo llama: Refugiados. Refugiados que demuestran una crisis humanitaria sin precedentes.

¿Es sinceramente sin "precedentes"? ¿Es tan así, que surgieron de pronto, como si debajo de las piedras millones de ojos tristes aparecieran ante nosotros? 

Cuando apareció la foto del pequeñito niño en una playa de Turquía y antes de saber su nombre recorría todas las portadas de diarios, tv, redes sociales, la conmoción hizo que muchos llorásemos con profunda angustia, incluso que sintiésemos que esa foto podía hacer cambiar al mundo. Con tan solo verla y sin saber su nombre. Poco después sabíamos que se llamaba Aylan Kurdi, kurdo de nacimiento proveniente de un pedazo de Syria donde la guerra expulsa a sus hijos por la persecución del ataque constante del ISIS, pero también de un gobierno que mata sin piedad al igual que los rebeldes que lo quieren derrocar. Echados de todas partes, muchos de ellos, tal vez la mayoría cristianos pero no solo cristianos también de muchos otros credos religiosos, no encontrando más lugar en los países que hasta ese momento los acogía en los llamados "campos para refugiados" donde por millones se apiñan como en Jordania y otros tanto también en "Libia", "Líbano", rompieron las barreras de la desesperanza y la quietud a la espera de la muerte y comenzaron a caminar hasta dejar sin piel sus pies, pequeños pies de los más pequeños, pies de los mayores adultos, mujeres, hombres y ancianos en busca de volver a respirar "vida".

Pero qué vimos más allá de la foto de Aylan....
Algunos en ella la tragedia que viven millones acosados por las guerras sin sentido, acosados por la persecución de su fe. Acosados.
Otros en búsqueda de información sobre esta tragedia humana, llegamos a recorrer Internet buscando bajo la frase "crisis humanitaria" todos los seres que están bajo este rótulo.

Así en la imagen que precede estas palabras mis ojos miran hacia todos los que hoy están padeciendo ese rótulo "crisis humanitaria" bajo la cual después de llorar un rato, tal vez un día o algunos cuantos como sin darnos cuenta pasamos a otro título que marcan nuestros días. Olvidamos, dejamos de lado, ponemos en algún lugar de nuestra conciencia para que no moleste, no nos recuerde que en un "grito sordo" esos pies llagados como los de Cristo gritan también cada nombre, nuestros nombres, pidiendo ayuda.

Los gobiernos de los países más poderosos tienen la primera gran responsabilidad porque también en ellos está el poder detener las guerras que sirven a engrosar sus arcas y su poder. También lo está en nuestros gobiernos y también en nosotros. Si olvidamos pronto, morirán y seguirán muriendo millones de seres humanos.

Buscando, también vi reflejado en otros ojos a los que pocos nombran esa tragedia rotulada "crisis humanitaria": nuestros pueblos originarios de América Latina y el Caribe sufren esta tragedia y ellos sí no son título de medios de prensa ni grandes ni pequeños. Y son tantos millones como millones todavía existen a lo largo y ancho de esta América de las venas abiertas por donde la sangre, su sangre sigue llamándonos.

En el sur de México en su frontera con Guatemala, miles de desplazados están a la espera de un milagro.

En Colombia la comunidad de los indios Wayúu ven morir año tras año a más de 20.000 hombres, mujeres y niños de hambre y sed. Sed porque su río, el que los nutria a ellos y sus campos fue desviado río arriba para dar agua a una "minera". Mueren primero sus pastos, sus animales y luego ellos. De esto no hablan los gobiernos en Colombia, ninguno de ellos. La minera en ese lugar sigue matando Wayúu.

En Argentina la comunidad de los Qom, los Tova, los Pilagá siguen muriendo de desnutrición. En esos días de la aparición sin vida de Aylan Kurdi, otro niño, este Qom, Oscar Sánchez de tan sólo 11 años con tan solo 10 kilos de peso, moría en un hospital que lo había enviado en varias ocasiones sin atención a su casa. En esta comunidad en el período que va del 2010 al 2014 han muerto (registrados) más de 2000 personas entre ellos la mayoría niños.

En estos tres casos sólo un pequeño ejemplo de los millones de seres humanos que mueren en soledad trágica fuera de nuestras miradas.

Estos días el Papa Francisco recorriendo Estados Unidos en misión apostólica y oficial pronunció una dura advertencia y un pedido a todos los gobiernos del mundo ante Naciones Unidas, llamando a la reflexión sobre las causas que están originando estos millones de ojos hundidos por el hambre y el miedo, despojados de todo derecho y dignidad.

Discurso del Papa Francisco 
ante Las Naciones Unidas
25 de setiembre de 2015
Tenemos un diagnóstico claro de lo que genera tal vez el mayor genocidio vivido por la humanidad hasta hoy.

Tenemos claro cuál es la solución.

¿Pondremos en práctica las soluciones que comiencen a dar por finalizada esa llamada angustiada para dar respuesta concreta a esos pedidos?

A los cristianos, Cristo nos recuerda que lo que hagamos al más pequeño de nuestros hermanos, se lo estamos haciendo a él. 

Hoy en medio de esta tragedia humana surgen gritos que creíamos dejados atrás luego del horror vivido en la era Hitler, sin embargo no es así, no surgen personas liderando estos mismos pensamientos si no existe entre nosotros quienes los viven y sustentan. Así un Donald Trump nos muestra en él que el ideario nazista no ha dejado de existir y que es uno de los mayores flagelos que todavía retumba entre nosotros.

Muchos fundamentalistas hay entre nosotros que dicen que vienen por nosotros, a quitarnos los valores occidentales cuando hablamos de los cientos de miles de refugiados que llegan a Europa proveniente de países musulmanes a los que de una han condenado. Sin poder parar la propaganda nazi-fascista llega hasta nuestros propios países haciendo mella en nuestros corazones y posiciones político-sociales al grito de: "no los queremos acá".

También en este tema de asumir al otro como alguien que nos enriquece en lugar de quitarnos, Francisco enunció en el discurso dado a los inmigrantes en Filadelfia ayer 26 de setiembre. Bueno es oír sus palabras y ver si nuestros corazones se abren. Traspolar lo acontecido allí en un momento de la historia también habla de nuestra historia de inmigrantes todos.

Palabras a los inmigrantes en Filadelfia
25 de setiembre de 2015
Papa Francisco

Me pregunto: ¿entrará en nuestros corazones el soplo del viento fresco del amor que nos haga ser empáticos y solidarios con esos ojos que nos están pidiendo ayuda a gritos sin poder gritar por su hambre y soledad su pedido de auxilio?

Quiero creer que sí.
Quiero creer que la luz en la humanidad es mayor que la oscuridad que nos ocupa.
Quiero creer que podremos responder a ese llamado de auxilio.
Quiero creer.
Quiero terminar estas palabras de reflexión que quiero grabar en mi interior como difundir hacia ustedes, tal como comencé. Con la imagen que nos recuerda que hay millones de seres humanos que tienen el derecho de vivir en la dignidad de su ser como persona humana y que sin embargo terminan formando parte de panteones de agua, tierra sin cajones, olvidados de siempre.

Que Dios nos abra el corazón y lo dejemos entrar en nuestras vidas acogiendo estas vidas por las que él clama a nosotros.


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